¡ Bienvenidos !

¡ Bienvenidos !

No es el primer día, ni siquiera el primer post para mi blog, pero creo que es un buen momento para daros la bienvenida a todos, a los que ya me seguís y a los que solo pasáis por aquí.

Despertando emociones nace con el único objetivo que el del significado de su propio nombre. Un maravilloso viaje por nuestras emociones, esas que ya conocemos y las que aún, ni siquiera sabemos que guardamos en nuestro interior.

Os invito a que comencéis una nueva aventura fabulosa, extraordinaria y arrebatadora, que espero os enganche en cada una de sus temáticas, disfrutando de cada palabra, cada coma y cada sensación que os recorra durante vuestra lectura.

Bienvenidos a todos, espero que disfrutéis con el comienzo del largo camino que se presenta ante mí y deseo compartir con todos vosotros.

Cada segundo

Cada segundo

El agua de la ducha caía sobre ella casi con violencia, y eso era justo lo que necesitaba. Se había marchado, estaría ya lejos y su momento había llegado a su fin demasiado pronto. Si hubiera aprovechado cada segundo…

Quizá no volvería.

El agua dejó de correr y entre el vaho de la minúscula ducha pudo leer en la mampara “Siempre te querré”.

Quizá, sí volvería.

Voces en la sombra

Voces en la sombra

Salió corriendo sin mirar atrás, de nuevo otra discusión, de nuevo se repetía el mismo guión en su vida. ¿Cómo no lo había visto antes? ¿Cómo podía haberse engañado tanto tiempo? Desconocía prácticamente su pasado cuando se casaron, apenas concía a sus amigos y todo había estado siempre envuelto en un halo de misterio, pero siempre había pensado que eso era justo lo que la había enamorado. De repente se paró y se dio cuenta que no sabía dónde estaba, mientras corría solo pensaba y no pensaba hacía dónde se dirigía. Frente a ella una preciosa senda terminaba en una pequeña ermita. Los rayos de sol entre los árboles la iluminaban, era preciosa, no pudo evitar entrar.

Frente a la puerta de manera antigua sorprendentemente bien conservada dudó por un momento entrar, pero se dio cuenta al echar la vista atrás que nada bueno la esperaba Read more

Una mano al final de la escalera

Una mano al final de la escalera

Se había convertido en una costumbre. Cada mañana acudía a la clínica y durante una hora, su fisioterapeuta podía alejarla de los dolores, de su realidad… esa realidad que tantas veces se había negado a afrontar. ¿Por qué esa tenía que ser su costumbre? ¿Por qué los demás podían disfrutar de su juventud a la espera de las enfermedades que pudieran llegar en el futuro? Lara no terminaba de entender qué tenía de positivo en su vida, qué hacía que mereciera la pena levantarse cada mañana.

Se despertaba cada día Read more

Tizas #MiMejorMaestro

Tizas #MiMejorMaestro

—Te he dejado la ropa en el baño para cuando salgas de la ducha.

Mis ojos, aún dormidos, no querían dar la bienvenida a un nuevo día. Me despegué de las sábanas y me deslicé despacio para que el agua cayera sobre mi cuerpo y poder despertarme sin esfuerzo. Mientras la ducha me revitalizaba, nada parecía insuflarme la energía que necesitaba para un día más con los compañeros rebeldes de clase. En la ruta de camino al colegio en las afueras, ya empezaban las bromas, que para mi no tenían gracia, y me hacían llegar a clase molesta. Una vez iban desfilando cada uno de los profesores, crecían mis ganas de que llegara el turno del maestro que impartía Lengua y Literatura.

Ahí estaba, justo antes del recreo, con sus gafas y cuadernos. Ese día el aula estaba más revoltosa de lo habitual, pero conseguí centrarme en cada una de las cosas que explicaba Vicente, al mismo tiempo que conseguía abstraerme del ruido constante y de fondo, de mis compañeros.

No sabría decir cuáles eran las razones, pero eran mi asignatura y profesor favoritos. Me hacían creer que era posible convertirme en una de las escritoras que ponían sus publicaciones en mis manos cada noche antes de apagar la luz.

Al terminar la clase, el recreo estaba vigilado por él; con sus gafas de las que parecían escapar sus ojos para mantener el control sobre nuestras actividades.

De vuelta al aula, la ausencia del profesor de Matemáticas, hizo que de nuevo Vicente estuviera frente a la pizarra escribiendo qué debíamos hacer. Apenas unos pocos alumnos estábamos centrados en la lección cuando las tizas comenzaron a volar sobre nosotros. No sé en qué momento mi cabeza revoloteó hasta el reciente sueño de ser escritora; de que mis relatos o historias, estuvieran plasmados en papel y entre manos de personas que sonreían al leerlos.

—¡Booom!

Una tiza aterrizó en mi cabeza trayéndome de vuelta a clase, con la consiguiente tarea de ir a la pizarra a distinguir los diferentes componentes de la oración escrita en ella. Complementos directos, indirectos, sujeto, predicado… Sabía hacerlo, pero estar frente a toda la clase me abrumaba hasta convertirme en una niña más pequeña aún de lo que ya era.

Al terminar, la sonrisa de Vicente, me hizo sentir orgullosa de ser una de las empollonas de la clase, como me llamaban. Así que volví a mi asiento y, durante el resto de la clase, estuve concentrada en todo momento.

Cuando legué a casa ese mismo día, revisé todos mis escritos, corregí fallos de los que no me había percatado en su momento, y cuando terminé, me puse con la redacción para el día siguiente.

El día después, cuando entregamos las redacciones a Vicente, el decidió corregirlas en ese momento mientras nos mandaba ejercicios. Poco antes de terminar la clase, me comentó que mi composición era pobre, que esperaba más de mí y debía repetirla. Así lo hice aquella noche; poniendo en práctica lo aprendido ese día, ojeando el libro de la asignatura, y en especial, volcando mi corazón en él.

Sí, esta le gustó, y a partir de entonces, decidí escribirlo todo de la misma manera.

¿Por qué no?

Al final de ese curso, en el viaje de octavo, Vicente se disfrazó de margarita y mientras todos reían, yo no dejaba de pensar que podía escribir mucho mejor de lo que lo hacía. Solo debía esforzarme, y aún así, tendría tiempo para divertirme, como parecía estar haciéndolo mi mejor maestro.

Inspecciones #unaNavidaddiferente

Inspecciones #unaNavidaddiferente

Bajó corriendo por las escaleras hacia la chimenea. Le encantaba estar en el pueblo, más aún parado frente a los rescoldos y con sus juguetes frente a ella. Dicho de otra manera, en la ciudad su piso tenía radiadores para calentar la casa y no disponía de la imagen idílica que tenía frente a él en ese momento. Los restos del fuego ya estaban fríos, así que se asomó dentro y con la mirada puesta en el cielo encapotado de nubes, que parecían amenazar lluvia, no pudo evitar pensar con una gran sonrisa, que ojalá nevara. Desde que llegaron hacía unos días, estos se presentaban tormentosos, pero no llegaban a descargar, así que pensó que no habría nada de malo en salir fuera e inspeccionar, como le gustaba llamarlo, los prados frente a la casa.

«¡Cómo mola salir a la calle y que apenas haya nadie!», pensó contagiado del silencio y la única persona que se podía ver labrando al fondo. Se puso en marcha con la mirada puesta en el suelo en busca de bichejos que sabía era difícil ver en la ciudad. Sin darse cuenta, se dio de bruces con un tronco resquebrajado lleno de hormigas que salían y entraban tan ordenadas como en los libros del colegio y su habitación. Echó la vista a un lado, y a pesar de no estar seguro de lo que veía, aquello parecía un hueso humano. De ese color blanco hueso que en ocasiones había escuchado decir a su madre, así que creyó que esa expresión provenía del mismo blanco que tenía ante sus ojos.

—¡Carlitos! ¿Dónde estás? —Oyó a lo lejos.

Giró en redondo y se dirigió hacia donde escuchó la voz de su madre.

—¡Ah! Ahí estás, venga, sube, que hay que hacer muchas cosas, y lo primero es la ducha en este baño que tanto te gusta.

Cuando se vio en esa bañara antigua, rodeada de azulejos con dibujos en relieve que le encantaba acariciar, no podía creer lo contento que estaba aun lejos de sus amigos. Por primera vez quiso salir pronto del baño en el pueblo para continuar con sus inspecciones. Salió despacio para no caerse al salir del abrigo del agua caliente y poner un pie en el escalón previo al suelo, ¡Ay ese escalón! Cuánta emoción al verlo la primera vez y sentir que era muy diferente a todo lo que había visto antes. Hizo de tripas corazón, y más pronto que tarde, estaba de nuevo fuera de la casa y abrigado con todo lo que iba encontrando en su habitación antes de salir. Fijó la vista en una rama ancha y de buena altura que le serviría para apartar lo que podría esconder aquello que fuera único y típico del pueblo. Sin apenas darse cuenta, se encontró perdido entre entre olivos, cada uno más grande que el anterior, pero no tuvo miedo. ¡Era Navidad! ¿Qué podría pasar? El cielo comenzó a encapotarse más y más hasta parecer infranqueable, como si fuera una cúpula que los cubría a todos sin posibilidad de que hubiera nada más ahí fuera. En ese momento, un destello en el camino le sobresaltó, y al acercarse, pudo observar como si una moneda recién salida del banco le animaba a pararse en ese punto del camino. Se agachó despacio, y tras quitar con su rama todo lo que tenía alrededor y parecía quitarle su resplandor, este fue tapado de repente por unos zapatos austeros, oscuros y muy sucios. Poco a poco fue subiendo la vista y ahí estaba. El hombre que labraba cuando salió de casa. Tenía una mirada profunda y siniestra, pero no sentía miedo al mirarle, solo paz sin saber el porqué.

—¿Te has perdido, chico?

—No, bueno, solo creo que me he alejado. Mis padres y yo estamos en la casa junto a la plaza —respondió sin titubear.

—Anda, venga, te acompaño de vuelta.

Como era de esperar, su madre estaba en la puerta con expresión preocupada y al verle se acercó corriendo.

—Tranquila, solo se había extraviado mientras jugaba ensimismado en sus cosas.

—Muchas gracias.

Cuando entraron en casa, su madre le zarandeó con esos gestos que tanto hacía cuando estaba asustada.

—Sube a cambiarte, te llamaré para comer y no saldrás más hasta que bajemos a ver la cabalgata al pueblo de al lado esta noche.

Carlos hizo lo que le había dicho su madre, más tranquilo de lo que hubiera sido normal en él. La tranquilidad del señor que labraba parecía haberse transmitido sin apenas cruzar palabra. Cuando su madre le llamó, bajó a comer en silencio y se echó en el sofá tras terminar de comer cuando un sueño profundo le atrapó; las imágenes parecían ser una combinación rápida del señor que labraba, los olivos, su rama y el hueso. Ese hueso que parecía ser más blanco según se adentraba en el mundo de Morfeo, hasta que su madre le despertó de manera abrupta para irse. Apenas remoloneó y en un abrir y cerrar de ojos se vio en el asiento trasero del coche con la mirada de sus padres fija en las curvas de la carretera.

Al llegar, la entrada ya comenzó a deslumbrarle. Cientos de bombillas por las calles, farolas adornadas, rotondas, cientos de personas paseando, como si todas las casas estuvieran vacías. Sabía que el pueblo era pequeño, pero le pareció tan lleno de gente que solo deseó que aparcaran cuanto antes y poder bajar para unirse a la atmósfera que parecía poder respirar. Al bajar se quedó parado en seco, sí, eso que oía eran villancicos. Unos que parecían abrigar a todas las personas que allí se encontraban y parecían ajenas a la suerte que disfrutaban por estar allí, aun sin ser conscientes.

Tenía tanto que inspeccionar que no sabía si lo mejor sería solo observar y respirar a vida… El señor que labraba, las sonrisas de ese momento, las luces, los villancicos… La Navidad sin más.

#unaNavidaddiferente Regalo inmortal

#unaNavidaddiferente Regalo inmortal

—Toma cariño, para mi nieto favorito.

—¿Por qué yo y no mis hermanos?

—Ellos ya son mayores, y sé que no lo apreciarán tanto como tú. —Su sonrisa parecía invadir toda la estancia.

Alberto abrió con cuidado el regalo que estaba envuelto en un bonito papel de regalo sin ninguna temática particular que pudiera hacer pensar qué contenía en su interior. Aunque sin duda, tenía una apariencia extraña. Nada más llegar a casa lo guardó con cuidado junto a su cama. Los siguientes días fueron tormentosos, y decidió que era el mejor momento para abrir el regalo. Aún quedaba un día para reyes, pero pensó que a ella no le importaría. Al ver lo que contenía no pudo sino fruncir el ceño… «¿Para qué quiero yo esto?», pensó indeciso sin tener a su abuela cerca para poder preguntarle.

El día de reyes fueron a ver a su abuela cuya casa era más grande y podría jugar más cómodo con algunos regalos, pero en su cabeza solo había una pregunta. Nada más abrirse la puerta le abrazó fuerte y le preguntó al oído: «Abuela, no entiendo el regalo? ¿Qué significa?».

—Shhh, no digas nada, cuando todos estén ocupados preparando la comida te lo cuento.

Mientras todos estaban con la organización de la comida, su abuela se llevó al niño a un rincón del salón y se lo explicó:

—He oído por ahí que hay un virus que viene de muy lejos, y cualquier precaución es poca. Será más seguro con una mascarilla de tu superhéroe favorito.

Él solo la abrazó con fuerza todo lo que pudo y la colmó de besos.

El año pasó despacio, y qué decir tiene cuando el virus que le había dicho su abuela parecía no dejar de propagarse. Cuando las mascarillas parecían convertirse en un elemento de vestir indispensable, como una bufanda o un jersey, él salía orgulloso con la suya. La cuidaba cuidadosamente tal y como le decían sus padres y esperaba que lo que veía en la televisión a escondidas de sus padres, no le pasara a su abuela, hasta que llegó noviembre.

Un nuevo inverno se avecinaba y el virus parecía estar a gusto y no querer marcharse. Él estaba tranquilo porque parecía que su familia estaba lejos del virus, hasta que un día le dijeron que la abuela dejaría de vivir sola en su casa y lo haría con más abuelos. En ese momento todas las alarmas se encendieron en su cabeza; cada dos por tres oía como los abuelos de esos sitios sufrían más el brote, aunque desconocía el porqué. Pensó que su abuela era muy fuerte y nada le pasaría, él lo pasaba bien con sus amigos en el colegio, así que ella lo haría también en ese sitio. Las fotos que le enseñaron sus padres la verdad que estaban muy bien, ya le gustaría a él vivir ahí con sus compañeros de clase, además, le habían dicho que podrían ir a verla cuanto quisieran.

Las semanas pasaban, iban cada semana a verla y él la llamaba a menudo, hasta que un día, la expresión en la cara de sus padres tras recibir una llamada, no le gustó.

Su abuela había enfermado de repente. Él se puso muy triste y más cuando le dijeron que no podría ir a verla al hospital. Los días pasaban y no parecía haber buenas noticias acerca de su abuela, además, si aún estaba en el hospital y no había vuelto a esa casa enorme con sus amigos, algo debería ir muy mal. Sus padres no paraban de decirle que si volvía con sus amigos, todos se pondrían enfermos, y donde estaba ahora podían cuidar de ella y darle más atención. Esa explicación no le convenció mucho, al fin y al cabo, solo quería pensar en que ella seguía enferma y él no podía abrazarla.

Los días pasaban con cuentagotas y él no dejaba de pensar en todo lo que la echaba de menos, hasta que un domingo de diciembre, después de desayunar recibieron una llamada, y su madre comenzó a llorar sin consuelo aunque su padre la abrazara con mucha fuerza. Cuando todo parecía estar ya en calma, él se puso muy nervioso cuando sus padres entraron en la habitación con expresión amarga.

Se acercaron muy despacio y sin apenas separarse uno del otro hasta que dijeron las palabras que nunca hubiera querido escuchar:

—Cariño, la abuelita ya está con el abuelo.

—Y tampoco podré verla como no puedo verle a él —dijo mientras sus ojos se anegaban de lágrimas y comenzaba a costarle respirar.

A raíz de ese día, el silencio era la nota predominante en casa. Hasta que uno, decidió ponerse cada día en casa ese regalo. Ese que se había ya convertido en uno inmortal. Tras una semana sin apenas quitársela, su madre no tardó en preguntarle:

—Cariño, en casa no hace falta que lleves la mascarilla, todos estamos bien.

—El superhéroe dibujado en ella consigue acercarme a la abuela cada vez que lo necesito. Es un superhéroe inmortal, como la abuela para mí.

Eyes wide shut

Eyes wide shut

Amor amor, lo que se dice amor igual no es, pero no haré spoiler tan pronto. Mejor empezar por el principio.

Se trata de una película de 1999 dirigida por Stanley Kubrick y protagonizada por Tom Cruise y Nicole Kidman. Es la obra póstuma del director que llevo consiguo muchos dimes y diretes en función de la fuente que se utilice para saber más de la película. La brevedad de esta reseña va encaminada a no contar, sino dejaros con muchas ganas, pero muchas, de verla o si se hizo hace tiempo, revisualizarla de nuevo.

¿Cómo de una fiesta puede derivar una cofesión, y venir esta de un pensamiento oculto? Esta pregunta se plasma al principio de la película y no deja de dar vueltas en la mente del protagonista, llevándole al desarrollo de una noche que nadie, ni espectadores ni él mismo, hubiera esperado ni imaginado. Una mirada compartida por la protagonista hace años con un extraño, la sigue reconcomiendo y hace que se pregunte qué hubiera sido capaz de hacer y por qué. Todo esto lleva a un bucle de pensamientos o incluso insegurdad en él, que provoca decisiones que pueden hacer cambiar el rumbo de su relación con ella.

Cuánto sucede en esa noche, cuánto en lo que pensar,y sin embargo, él no deja de imaginar en bucle a su mujer en la situación que ella misma le relata. Una trama de intrigas, engaños de donde no se esperan y sorpresas, hace que la película, aunque lenta, mantenga al espectador lo suficientemente intrigado para no apartar los ojos de la pantalla.

Erotismo, relaciones, intimidad o falta de ella, necesidades físicas en la pareja aunque solo uno las tenga, seguridad, inseguridad…, todo ello combinado en un vaso de cóctel, provocan que Eyes wide shut dé mucho que pensar acerca de las relaciones y la importancia tanto del sexo como la necesidad de ser deseados por el otro. El amor es necesario sí, pero ¿cuánto lo es verse considerado físicamente por la pareja? ¿Hasta qué punto podría afectar una relación abierta de darse el caso?

Sea como fuere, y a la espera de vuestras opiniones, el amor parece ser donde se ancla el sexo de una pareja con el paso de los años, ¿O no?

NOTA: Desde aquí os animo a escuchar el post de LODE, La órbita de Endor que me animó a ver la película… No os defraudará.

#ElBosque

#ElBosque

Sí, sé que no es la imagen de la película The Village de 2004, pero ya sabéis. Licencias de imágenes y esas cosas…

Por empezar con lo básico, tiene una duración de las que me gustan por mis limitaciones (104’), y a pesar de poder parecer lenta, su director M. Night Shyamalan vuelve a crear una obra maestra en película.

Traducida en España como El Bosque, se vendió en su momento como película de miedo o incluso terror, pero nada más lejos de la realidad. Suspense y amor serían una mejor definición para lo que se puede ver a través de la pantalla, junto con manipulación por miedo a no querer revivir lo que les llevó a los personajes a crear una comunidad alejada de la ciudad…, pero ya hablaremos de eso cuando lleguemos.

Cansados por vivir lo peor que te puede ofrecer vivir en una ciudad: robos, asesinatos, violaciones, y en resumen a grandes rasgos, dolor, un grupo de personas azotadas por situaciones que ninguno queremos vivir en nuestras carnes, este grupo de personas huyen a una zona forestal cercana a la ciudad donde viven para educar a sus hijos en unos valores que no sean cuestionados por lo que pueden oír o ver sus ojos; pretenden ocultarles la realidad de lo que supone vivir en sociedad, tanto con sus pros como con sus contras. Alejándoles de todo lo que pueda hacerles daño, enseñándoles a vivir como ellos hubieran deseado, obviando el hecho de todo lo bueno que puede tener enfrentarse a la realidad.

En teoría, todo hubiera podido ser tan bueno como esperaban si la realidad no se hubiera topado con ellos, encontrándoles de la peor manera posible. Pero no haré spoiler, tranquilos, solo diré que algo que no pudieron controlar les hizo darse cuenta que no podían huir. Ni de lo que querían, ni de uno de los sentimientos que mueven, o deben mover, al mundo.

¿Adivináis cuál es? Pues tendréis que verla para saber la respuesta si no lo sabéis aún ;p

Continuando con lo que pretende este post, seguiremos con la película.

Los valores que prometieron mantener en el tiempo los protagonistas, se ven quebrantado cuando una voz discordante se alza entre todas las demás, y a consecuencia de esto, le es revelado el secreto de la comunidad formada lejos de la sociedad de la ciudad escondida en el bosque. Uno de los protagonistas enseñaba las habladurías que se contaban alrededor de este cuando era profesor de Historia, y en torno a eso, crea la trama que viven sus habitantes.

En mi opinión, es una historia más actual que nunca, como el libro 1984 de George Orwell.La película gira en torno a lo que desean quienes crean la comunidad a pesar de no decir la verdad y manipularla intentando así que sus niños desconozcan lo que realmente pasa en el mundo. Aunque este, se encuentre alejado de su día a día…

¿Vosotros que opináis?

Grabado a fuego

Grabado a fuego

Sus dedos se enredaban con mis mechones. Y así, comenzaría un viaje que no parecía tener final. Años después, ese beso, esa mirada, esas manos…, seguían presentes como si hubiera pasado ayer, como si el tiempo se hubiera detenido. ¿Cómo era posible que un momento compartido siguiera presente en todo mi cuerpo y mi mente?

¡¿Cómo?!

Así, sin saberlo, una corriente eléctrica sin enchufes ni facturas de luz, entraba en mi vida para ser el punto de referencia desde donde se valorara un antes y un después. ¡Y vaya después! Soñar era un suplicio sabiendo que nunca podría ser real, que las bifurcaciones de ambos iban en direcciones contrarias, tanto, que desconocía si para él era solo un recuerdo, o eso que pasó en aquel momento de aquella época. Me negaba a ser solo eso, una reminiscencia, una muesca, un eso que pasó. Pero aquel pensamiento era creado por mi mente, no el corazón, ese que palpitaba más fuerte y rápido cuando pensaba en aquello; cuando veía sus señales de vida por alguna red social de todas las que hay. Quizá no pasó, ¿o eso es otra estratagema de mi mente en su intento de salvarse a tiempo de un barco que se hunde sin remedio ni vuelta atrás… Y de nuevo ese atrás, pero ¿no es de eso de lo que se aprende? Y lo aprendí de ti, de nuestro momento, de ese que quedó grabado a fuego sin poder evitarlo.

Pero tú sí lo evitaste; que fuera más de lo que en realidad fue. Conseguiste guardarlo en un pequeño recodo de tu mente, al que solo accedes, cuando lo necesitas o tienes tiempo. Mientras que yo siempre lo tengo presente, no encontré dónde esconderlo… Ni quizá quiero.

¡¿Cómo?! ¡¿Cómo lo conseguiste?!

Si nunca lo sé, puede que forme parte de ese sueño, que en el fondo (y en la superficie), no quiero que termine. ¿Masoquista? Quizá……. ¿Vosotros qué pensáis?

#historiasrurales no tan comunes

#historiasrurales no tan comunes

Iba corriendo por las pequeñas callejas con su bolsa de tela, en la que llevaba el palo más largo que había encontrado en su paseo matutino. En cuanto llegó a las escaleras de la casa de su amigo, llamó con cuidado y cierto temor, por si abría su madre. Ella siempre les echaba la bronca por llegar con las rodillas magulladas, o los pantalones rotos cuando llevaban los largos en invierno.

Y ahí estaba la mujer tras la puerta, con aspecto de señoritinga —tal y como había oído decir en su casa cuando hablaban sus padres de ella—.

—Buenos días, ¿está Pablo? ¿Puede salir a jugar?

—Es demasiado pronto, Paquito. Aún está haciendo los deberes para el fin de semana. —Su gesto agrio le hizo retroceder de manera automática y casi se trastabilla con el borde del escalón.

Tras el portazo de la madre, dio media vuelta y se dirigió a la plazoleta más escondida del pueblo donde sabía que los otros chicos estarían.

Al llegar les encontró mientras jugaban con sus palos y empujaban las ruedas encontradas por el pueblo. «El mío es el más largo y resistente de todos», pensó con una risueña sonrisa en su rostro. Sin pensarlo más se dirigió hacia ellos y sacó su palo. Dejó su bolsa donde estaban las demás y comenzó a jugar con el resto. El reto de ese día era que quien acabara el último en el recorrido decidido entre todos, subiría al campanario sin que le viera el sacerdote y saludaría desde el ventanal más alto.

La rueda que había elegido iba rápido y ligera, como si no pesara, pero en el último recoveco del tramo se cayó al girar la esquina. Llegó el último.

Y allí estaba, parado frente a la iglesia con su bolsa al hombro y observando toda su grandeza. «Tengo que conseguirlo si no quiero ser el hazmerreír de los chicos del pueblo. A pesar de las posibles consecuencias en casa», pensó con un tembleque de piernas que no podía evitar. Subió todo lo rápido que pudo para terminar lo antes posible y al llegar, se asomó para saludar como había prometido. ¡Vaya sorpresa cuando vio al cura en lo que parecía ser una reprimenda a sus amigos! Quiso esconderse, pero no fue lo suficientemente ágil y él le devolvió una mirada atroz. Bajó despacio con más miedo aún del que había sentido al subir, y en esa ocasión cuando llegó a los primeros peldaños se encontró de frente con él. Tan alto, con esa expresión de regañina que no sabía en qué podría acabar. Acto seguido, sin apenas tiempo a decir nada, él le asió de la oreja derecha y le llevó a rastras a la farmacia que había junto a iglesia.

Las dos farmacéuticas no pudieron evitar su expresión de sorpresa cuando les vieron entrar.

—Aquí está uno de los revoltosos que desconoce los peligros de su comportamiento.

Sin más salió por la puerta sin dejar de oprimir la oreja del chico. Las mujeres no lo dudaron, llamaron a su padre, respetado en el pueblo, y le contaron qué pasaba. Este comenzó a sentir cómo le hervía la sangre y salió corriendo de su peluquería hacia la plaza mayor donde se encontraba la iglesia.

—¡Suelte a mi hijo inmediatamente! —espetó sin dudar.

—Su hijo ha subido sin permiso al campanario, con el peligro que eso conlleva.

«Dios mío, perdóname, no quería que los demás niños me dejaran de lado. Mi padre me va a matar, no lo permitas», se repetía mientras observaba las llamas en los ojos de su padre.

—Vamos a casa, Paco, no se nos ha perdido nada aquí.

Ni una palabra, solo notaba como la mano de su padre le estrechaba con más fuerza.

Tras comer en silencio, sus padres le mandaron a echar la siesta a su habitación, pero él dejó la puerta entreabierta para poder escucharlos.

—No te vas a imaginar lo que ha pasado en la puerta de la iglesia. Manolo, el cura, llevaba a nuestro hijo cogido de la oreja.

—¿Y eso por qué?

—Paco se había subido al campanario. Y en vez de subir a buscarle para que no le pasara nada —en el fondo la culpa era suya por dejar la puerta abierta—, no se le ocurrió otra cosa que llevarle a la farmacia y echarle la bronca públicamente. Ni que no supiera dónde me paso las horas…, debería haberle traído a la peluquería.

Paco se tumbó sobre la cama y pensó en cómo se había librado de lo que pensaba iba a ser la mayor bronca de la historia. Ni ese domingo, ni los domingos de ese mes, sus padres fueron a misa y a él no se le pasó por la cabeza acercarse al campanario.