Entre mis sábanas.

Entre mis sábanas.

Dormí sola durante tanto tiempo que todo me resultaba normal. Un ruido. Un reflejo en la pared. Risas alejadas, perdidas en la calle y yo… entre mis sábanas. Siempre entre mis sábanas. ¿Podría haber un sitio mejor? No lo creí hasta que alguien me acompañó en mis noches y mis amaneceres. Hasta que despertarme con una sonrisa se convirtió en… normal. Habitual. ¿Rutinario? No me lo planteé, solo era feliz y eso era suficiente. ¿Qué problema habría si esa rutina podía ser mi felicidad, mi camino a un mundo desconocido y que ni siquiera había soñado? Mes sorprendió, no diré lo contrario, pero fue  una grata sorpresa. Ser dos, compartir sonrisas, miradas, juegos y sí, sexo. Sexo en toda su plenitud y mucho más. Siempre me vendieron que el sexo era sucio, lejos de toda motivación que no supusiera procrear, tener hijos, procrear y mantener la especie… hasta que descubrí lo que eso escondía. La falsedad. El engaño. La falsa moral. El escondite hacia unos placeres que los que lo practicaban no querían airear y los que no tenían opción, preferían venderlo con menosprecio, burlas… ¿acaso solo a mí me miraban de reojo y criticaban mis comentarios subidos de tono? ¿Acaso hay alguna otra forma de mantener viva la especie? No me importaba, descubrí una nueva puerta que se abría ante mí sonde antes solo había una pequeña ventana a través de la que ni la luz entraba. Sumida en la oscuridad, cuando al fin un rayo de sol penetró en mi día a día, supe que había descubierto lo que de verdad me llenaba. Me colmaba. Me hacía sentir… mujer.

Ya sin pelos en la lengua descubrí aquello que con tanto empeño me habían escondido: el sexo, el disfrutar sin dar explicaciones, el comportamiento de mi cuerpo frente a él. Junto a él. Con él. ¿De verdad mi vida  había sido tan oscura, tan falta de vida, vibraciones? Había amores idílicos con los que solo imaginaba besos, caricias pero… ¿algo más? Lo desconocía. Y llegó él. Sin avisar. Como todo lo bueno de la vida. Sin pedir permiso ni llamar. Solo llegó. Cada mirada, cada roce ocasional se convertía en una corriente que parecía hacerme explotar en fuegos artificiales. ¿Qué era aquello? ¿La vida? Puede ser, pero ahora sé que es el amor completo. Total. Sin límites. Sin escondites ni vergüenza. Sin vergüenza. Y con la cabeza bien alta. La primera vez que sobrepasó la barrera de lo permitido hasta entonces cientos de preguntas se agolparon a la vez, de golpe, asombradas y admiradas a la respuesta de mi cuerpo frente a él. ¿Dónde había dejado mi vergüenza, mi pudor? Y… ¿para qué habían servido todos estos años? Sonreía por primera vez de una manera tan natural que hasta un pequeño atisbo de miedo quiso apoderarse de mí… pero no lo dejé. Disfruté,  reviví aquello y quise conocer más. Investigar. Averiguar. Inspeccionar y hasta rastrear qué era aquello, hasta dónde me podría llevar. Qué más habría ahí fuera que desconociera.

La sucesivas veces fueron aún mejor. Descubrirnos. Sabiendo dónde tocar. Dónde acariciar y cuándo. Conocerse era la mejor experiencia. Pasaban los días y queríamos más hasta que mis voces internas decidieron hablar sin preguntar arriesgándose a actuar sin ser enseñadas y… menuda sorpresa. El instinto sabía el guión que yo desconocía y me encantaba. Me estremecía solo con mis pensamientos y la posibilidad de poder llegar mucho más allá; a un mundo desconocido que estaba deseosa por adentrarme. ¿Recordáis esa sensación? ¿Los pelos de punta? ¿La piel de gallina? Yo espero no olvidarla… y más aún cuando descubrí que un muchas personas, sensaciones, recuerdos, imágenes y emociones me provocaban un suspiro eterno y placentero. Llegó el momento de sentirle dentro, su sexo, sus dedos, sus labios. Todo él era bienvenido e incluso aplaudido. Mis palabras acompañaban a unos pezones erectos que gritaban su nombre, su roce, sus labios. Me sexo le esperaba ardiente, húmedo, ansioso por recibirle y no querer que se marchara. ¿Qué habías de malo en todas esas sensaciones? Eran necesidades aumentadas más si cabe por la prohibición y el engaño en el que mi cuerpo y mente habían estado ocultos, guardados esperando a que alguien o algo les despertara. Y vaya si se despertó y sucumbió al placer, la felicidad con otro significado. La FELICIDAD en mayúsculas.

Solo tú.

Solo tú.

sombras

Antes de que mis ojos pudieran fijar la mirada, mis muslos se contrajeron y no había más que decir. “¿Cómo es posible? Ni siquiera le conozco; ¡qué típico!¿No?”. Me sentía realmente estúpida, ¿cúantas chicas habrían pasado por lo mismo? Desde luego viendo su físico, sus ojos, su mirada y… su manera de hablar, me di cuenta que debía estar atenta a lo que decía si quería aprovechar nuestro primer encuentro. Un compañero común nos presentó y viéndole frente a mí pensé que debía ser un castigo por algo que debía haberle hecho… “¿cómo se iba a fijar en mí? Y si lo hacía —para lo que deberían alinearse todos los planetas— seguro que me provocaría un daño bárbaro e inhumano.

Esa fue solo la primera vez, tras ella vinieron una, otra e infinitas citas en las que hablábamos, mis muslos se contraían, mi sexo se humedecía y nuestros labios no dejaban de mirarse hablando un idioma que solo nuestros corazones entendían… “¿Sexo?¿Atracción?¿Soledad?… Miles de preguntas no parecían querer dejarse llevar por un torrente de electricidad que con una fuerza desmedida me empujaba de manera violenta contra él (o más bien contra la valla de clichés que nos separaba). Me sumergía entre las sábanas pensando en él, me despertaba con su imagen en la cabeza, me duchaba… ¡bueno! Mis duchas no necesitaban ser bajo de agua caliente, no sé si me entendéis. Aún fría, estaba segura de que el calor que emanaba mi cuerpo sería capaz de hacer que se evaporara cada gota; gotas que eran un nosotros, una —o quizá indefinidas— noches juntos. Le imaginaba junto a mí, buscando mi interior como agua en el desierto… desde luego mi sexo era capaz de provocar suficiente humedad para calmar a un extraviado buscador de tesoros; le entregaría el mío sin preguntas, mis muslos le descubrirían una cantidad desmedida de caricias, besos, saliva, gemidos, contracciones y sudor que harían olvidar cualquier mundo conocido con anterioridad. Nada de clichés ni cuentos de hadas, solo la intensidad de nuestros cuerpos fundidos en uno solo sin un mundo del que preocuparse.

—¡Eh! ¿Estás ahí?

La expresión perpleja de Manuel me devolvió a la realidad. “¿De qué me estaba hablando?”, me pregunté sin obviar la humedad que comprimía mi ropa interior.

—No puedo, de verdad, siento algo muy fuerte pero no podemos estar juntos. —Y en ese momento fui yo la que me ahogué en la humedad del desierto.

—Pero… me hiciste creer. Pensé que… —Manuel me interrumpió antes de poder seguir.

—Nunca te aseguré que pasaría, solo que en otras circunstancias no tendría duda en hacerlo.

—¿Qué significa eso…? ¿Algo así como estar en la recámara?

En ese mmento mi cerebro me demostró que debía tomar el mando y toda aquella humedad, labios, contracciones, dilataciones, erecciones y sudor, formaran parte de una escena de ciencia ficción en la que ya ni siquiera era la protagonista… ¿acaso lo había sido alguna vez? Lloré. Lloré. Y seguí haciéndolo durante días. “¿De verdad me lo había imaginado todo, había visto molinos de viento? No, mi intuición no me engañaba, yo no era el problema; por primera vez en mi vida pude enfrentarme a la realidad sin culparme. Al fin y al cabo había vivido… solo faltaba que la experiencia, más mística que otra cosa, me hubiera enseñado algo más que la importancia de vivir. Me reí sin realizar ni una sola mueca, mi corazón era el que lo hacía, conocedor de la verdad: volvería a caer, volvería a aparecer alguien que me subiera al cielo aún con peligro de caer sin red pero… ¿prefería no sufrir o no vivir?  Yo diría que no…

Trilogía Mi Elección de @Betacoqueta

Trilogía Mi Elección de @Betacoqueta

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¿Quién no conoce a Elisabet Benavent? Sí, supongo que contestaréis que muchos (debe ser por la inmensidad de personas que contiene el mundo…), pero si estáis delante de esta reseña, un tanto por ciento muy alto —sino el 95%—no solo la conoce, sino que la adora.

Valenciana, asentada en Madrid; parece que después de la trilogía Mi Elección está asentada en prácticamente todo el mundo; descripciones perfectas de cada uno de los lugares en los que se desarrollan las convivencias —y no aquellas de las de la Iglesia a las que íbamos cuando éramos pequeños— sino de las que comparten nuestros ya queridos Hugo, Nico y Alba, así lo atestiguan. Tras Valeria pensábamos que era difícil no ya sorprendernos, sino volvernos a enamorar; pero en esta ocasión el amor, el cariño infinito y el sentirnos identificados con cada una de las páginas que tenemos entre manos, supera —en mi opinión—, lo leído hasta ahora. ¿Acaso no queréis descubrirlo?

La primera vez que vi la portada del libro con esos adorables y sabrosos ositos de goma, pensé que el reto que se había puesto por delante la escritora era difícil de emprender con buen resultado. ¿Una relación a tres? ¿Sexo más propio de una película para mayores de dieciocho años que de una relación de amor verdadero? ¿Amigos cuya relación va más allá de la amistad como la conocíamos hasta ahora? Sí, sí y otra vez sí. Delante de Mi Elección nos quitaremos la venda de los ojos y el sombrero, junto con todos esos clichés que quedarán enterrados en el pasado.

Desde las primeras páginas, Alba (la afortunada protagonista a la que todos envidiamos en mayor o menor medida) nos envuelve con una personalidad y unas circunstancias por las que todas hemos pasado a lo largo de nuestra vida; incertidumbre laboral, amorosa e incluso personal, nos hacen plantearnos si nosotras mismos hemos encontrado nuestro sitio en la vida, o tal y como le ocurre a ella, hay algo que debemos descubrir y aún desconocemos. ¿Afortunada? Mucho se queda escueto para definirlo; dos compañeros de trabajo de ensueño, de aquellos que si tuviéramos en nuestras oficinas nos harían levantarnos cada mañana sin necesidad de despertador, nos hacen envidiarla sin mencionar el maravilloso armario que nos insta a imaginar que tiene en su haber Alba: chica real, alejada de medidas perfectas y con las mismas inquietudes que las nuestras pero… ¿qué ocurre cuando  los tabúes desaparecen y lo que creíais como conocido se convierte en una realidad paralela?

Despacio, sin prisa, poco a poco…, te sientes como Alba queriendo vivir una historia en la que descubres un mundo nuevo donde quieres conocerlo todo, para hallar no solo qué te gusta, sino aquello que está hecho a tu medida y desconoces.

De una frase manida como «Ladies first» hasta un « Todo. Siempre», la historia a tres de los personajes atraviesa todos los baches de una relación convencional con la peculiaridad de que cada uno de los integrantes son como la noche y el día, adhiriéndose a la perfección unos con otros.¿Nunca os habéis preguntado si podríais querer a más de una persona, pero no solo en el mismo tiempo, sino en el mismo espacio? ¿Seríais capaces de desinhibiros lo suficiente como para ser vosotras mismos ante una situación que creíais irreal?

Atracción, deseo y una corriente eléctrica incontrolable hacia dos personas, comienza  a tambalear la vida de Alba hasta que descubre que nada es lo que parece y todo es lo que necesita. De nuevo volvemos al «Todo. Siempre».
Si bien los cuentos de hadas son más propios de épocas pasadas… ¿podemos maquillarlos para así, poder vivir el que espera a ser descubierto por nuestras experiencias y crecimiento personal que estas supongan?

Zambulliros en Alguien que no soy, Alguien como tú y Alguien como yo para comprender situaciones que nunca os habíais planteado o quizá, os dieron miedo al hacerlo.

Química (Completa)

Química (Completa)

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Mientras dejaba las cosas recién llegada a casa, no dejaba de pensar si llamarle o no. < ¿Cúanto hace que nos conocemos…, un año? No somos tan íntimos, pero nos llevamos bien aunque no deje de pincharme, así que…, sí, le llamaré en cuanto me ponga cómoda>. Sentada frente al ordenador, descolgó el teléfono aprovechando que sus padres estaban en la sala y no podían molestarla. Hablaron como si se conocieran de toda la vida y cuando se quiso dar cuenta llevaban cuarenta minutos…, pero en realidad habían parecido cinco.

Álvaro era un conocido -porque no creía que fueran realmente amigos-, de su novio con el que ya llevaba casi tres años; este último, lo habían pasado con un nuevo grupo en el que Álvaro parecía ser la alegría de la fiesta. Acababa de quedarse soltero después de que su novia, qué vivía a cientos de kilómetros, pusiera punto y final a todo. Cuando Julia la conoció hacía ya unos meses, se quedó bastante sorprendida. No entendía cómo él, alto, guapo, simpático y tremendamente divertido…, podría haberse fijado en ella. < ¿Qué demonios ha visto en Carmen? Vale que yo no soy Charlize Theron, pero estoy bastante mejor que ella>. No pudo evitar sentirse culpable por ese ataque de malvadez envidiosa, pero si no podía ser sincera con ella misma, ¿con quién? Julia siempre había querido ser la más guapa, la que más gustara, la que captara toda la atención…, así que no se planteó que aquella reflexión más propia de una víbora (o niña de cinco años), fuera por nada en concreto.

Una semana después, ambos estaban frente al ordenador chateando, y Álvaro seguía en su línea de incordiar. < ¡¿Pero por qué lo hace?! Solo le falta tirarme de la coleta…, parece que estemos en el patio del colegio>.

-Ya te estás pasando, ¿no podemos llevarnos bien? -No quería parecer enfadada, pero le cansaba ya ese trato. Miraba a todas las chicas, hacía comentarios sobre ellas y parecía no haberse percatado de que ella también era una chica…, aunque emparejada sí, pero chica al fin y al cabo. < ¿Acaso no tiene ojos para mí? Nunca le descubrí mirándome>.

-¿Qué dices? ¿Te molesta? Solo estoy bromeando, pensaba que lo sabías.

-Con las demás no eres así.

-Así…, ¿cómo?

-¡Pues ya sabes! Fastidiando todo el rato… -No sabía por dónde escapar. < ¡Al final va a creer que me gusta!>.

-¿Acaso no te das cuenta? -Julia abrió los ojos como platos, los puso en blanco, los dio miles de vueltas y volvió a leer intentando ver qué se le estaba escapando-. Me gustas.

Ahora sí, oficialmente se había quedado paralizada y tendrían que venir los bomberos para que tuviera algo por lo que apartar la vista de la pantalla. < ¿Qué? O sea…, ¿Quuééééééééééééééé? ¿Cómo? ¿Cuándo? Nunca me mira, de hecho parece rehuirme. Ohhh…, no, no puede ser, sigue tomándome el pelo>.

-Ya vale por favor, ahora sí que te has pasado. No tiene ninguna gracia ¿sabes?

-Jajaja -Julia creyó pensar que ahora ya estaba riéndose de ella abiertamente, pero solo leía, no podía oír el tono de sus palabras y a lo mejor era una risa nerviosa. < Que no, que no, que nooo…, ¡no puede ser!>-. ¿Crees que estoy bromeando con algo así? No me tomes el pelo.

-Nunca me miras, ambos sabemos que eres un cerdo y…, ¡nunca te he pillado mirándome!

-Dejando a un lado esa afirmación, ¿alguna vez has intentado llamar mi atención? ¿Es eso lo que quieres decir?

-Si lo que dices fuera verdad no necesitaría llamarla ¿no? -Ahora sí que no sabía por dónde escapar. < No me está viendo a través de este aparato infernal ¿no? ¿nooooo?>-. En serio, no sigas, ya hablaremos ahora no puedo.

Necesitaba salir de ahí, poder volver a leer la conversación y ver dónde se había perdido o metido la pata. No tenía ni idea de qué diantres estaba hablando. Se puso en pie y comenzó a andar en círculos por la diminuta habitación, aún dudaba si él podía estar viéndola, < este chat no tiene cámara ¿no? ¿o tengo que tenerla yo?>; así que decidió salir al pasillo. Cuando volvió se encontró con varios mensajes y Álvaro aún conectado.

-Espera, por favor, tenemos que hablar de esto antes de vernos mañana con todo el grupo.

-¿Hola? ¿Sigues ahí? Por favor no te vayas Julia.

-Eh ¡venga! Ya sabía que no te lo tenía que haber dicho, estás con Sergio y he sido un idiota pensando que quizá podría gustarte; pero siempre te ríes tanto con mis tonterías…

-Sigues conectada, tienes que estar ahí…

-No pienso rogar más…

-Venga por favor, ahora sí que estás siendo tú la cruel, ¡no te he dicho nada que no fuera verdad!

-Perdona han venido mis padres. -Ya que estaba casi segura de que no podía verla ni escucharla, podría mentir sin que se diera cuenta ¿no?-. Creo que es mejor que olvidemos todo esto, nos veamos mañana con todos y actuemos con normalidad.

-Julia, Sergio estará allí y no se cómo me sentará veros juntos…, esto tenemos que hablarlo los dos solos.

-¡¡Llevas viéndonos juntos un año!! No me vengas con esas.

-Pero tú no sabías lo que pensaba cada vez que te veía, y yo sabía que tú no lo sabías… ¡Ahora me mirarás de manera diferente! En serio, tenemos que vernos. Mis padres se fueron al pueblo, voy a buscarte, y hablamos esto en casa tranquilamente.

-Tengo que hacer cosas antes de ir a cenar con Sergio, no puedo. Mañana nos vemos.

-Por favor no me dejes así, no puedo verte con todos como si esto no hubiera ocurrido. Te acompaño a hacer todas esas cosas que dices que tienes que hacer, solo dime dónde y cuándo. -No parecía querer rendirse, así que Julia accedió en verse en una hora en el centro comercial.

< ¡¿Qué he hecho, qué he hecho!? Tranquila, no te gusta, está bueno sí…, pero no hay química. ¡¡Eso!! No hay química, gran argumento. Hablaremos como dos personas adultas y mañana estará todo olvidado>. Se puso lo primero que encontró, no sea que pensara que se había arreglado para él, y salió corriendo al metro para no llegar tarde.

< ¡Bien bien bien, aún no ha llegado! Madre mía…, y ¿yo? ¿Cómo he llegado hasta aquí?>

La verdad que no tuvo que pensarlo mucho, sin apenas darse cuenta se vio frente al stand de los video juegos del El Corte Inglés… “wow, cómo me gusta este juego. ¡A ver cuándo puedo comprármelo”“si prometes no seguir portándote así conmigo…, yo te lo regalo”…; una mirada esperanzada y segura de la respuesta que escucharía, se dibujó en la cara de Julia. “Ya…, pues entonces mejor espero sentado”. El rictus en la cara de Julia se reflejó en los ojos de Sergio y pudo verlo ella misma…“perfecto, con eso queda todo más claro, ¡¿pero tú sabes lo que me acabas de decir?!”. Sergio simplemente la miró con arrogancia y siguió recorriendo con sus dedos los video juegos colocados frente a él.

Julia se quedó paralizada sin saber si aún no se había despertado aquella mañana y aquello era una pesadilla, < ¿quizá a esto se refería mi madre con aquello de quedarme parada como un pasmarote?>. Fuera lo que fuera aquello, sabía que no era bueno y era solo la gota que colmaba el vaso a unos meses de desplantes y actitud prepotente que no reconocía en Sergio, y mucho menos en la persona que quería tener a su lado; <¿acabaré siendo como esas chicas que tienen una pareja estable y no les hacen felices pero tienen la sangre fría de compensarlo con escarceos más o menos regulares? ¡Imposible! ¿Estar con otro? ¿Que me vean desnuda yo que tengo una depilación bastante controvertida y solo bien hecha cuando estoy segura que la necesitaré? No, no, no…, tengo que encontrar una solución>.

– ¡Hola! ¿Hay alguién? -Julia volvió de su mundo, y vio a Álvaro frente a ella con su preciosa sonrisa de oreja a oreja-. ¿Ni siquiera dos besos…? -Iba a tener razón y no le miraría igual, Julia se dio cuenta que quien estaba frente a ella no era el chico con el que recordaba haber compartido días de fiesta durante el último año.

-¡Claro! -Quizá tambien los esperaba diferentes…, pero no, eran los mismos dos besos de siempre. Ni más lentos, ni más sentidos ni más nada. No pudo evitar sentirse decepcionada-. Vamos, tengo que comprarle unos CDs para no sé qué…, la verdad que desconecto cuando me habla de todos esos planes frikis en los que se mete.

-Jajajajaja, sí, yo también me pierdo en esos temas, prefiero otros. -<¡Eh, espera! Esa mirada, ese comentario… ¿no tenían otro significado? ¿Me estaba intentando decir algo? ¡¡Para Julia, paraaaaaa!!>-. Después vamos a casa ¿vale? Compré bebidas y así hablamos tranquilos y no podemos encontrarnos a nadie.

-¿Encontrarnos a nadie? ¿Acaso estamos haciendo algo malo?

-Bueno…, ahora no. -Esa mirada pícara, que Julia le había visto con tantas otras chicas, apareció antes de que continuara-. Ya sabes cómo es  la gente, si no sabe, inventa.El tan común… cuenta y exagera.

Julia sonrió, bajo la mirada y entró a comprar los dichosos cds. Ya en el coche de camino a su casa le intentaba mirar de reojo y seguía auto convenciéndose de que no le gustaba lo que veía; todos los defectos posibles, y sino, los inventaba. Llegaron a casa y Julia no pudo evitar pensarlo… < ¡Cómo me gusta esta casa, y este barrio! Sí…, ya me estoy convirtiendo en una de esas chicas>.

-¿Estás bien?

-¿Qué? Perdona, ¿por qué? ¿Me decías algo?

-No no, es solo que tienes una expresión rara…, que si lo prefieres bajamos a la terraza de aquí al lado.

-No no, tranquilo, aquí estamos bien. -Ya notaba cómo se estaba poniendo colorada y lo siguiente era tartamudear. Se alejó de él y se dirigió a la sala donde tantas fiestas habían celebrado.

-Como sigas negando tantas veces…, no va a ser una tarde divertida… -Álvaro apareció con las bebidas y Julia pudo jurar que veía algo, no sabía el qué, en esa mirada tan penetrante. < ¿Es cómo las que regala a todas las demás cada sábado? Creo q hay algo diferente… ¡pero como para fiarme de mí misma!>.

Álvaro le ofreció uno de los vasos y se sentaron en el sofá. Antes de que Julia pudiera decir nada, él encendió la televisión y comenzó a cambiar de canal sin tiempo a ver qué echaban en cada uno. Se suponía que habían quedado para aclarar lo que había pasado apenas hacía un rato; Julia estaba desconcertada, < ¿es una broma? Se supone que le gusto ¿no? ¿Qué hace viendo qué hay en la tele?>.

-¡Mira!Esta puede estar bien, por lo menos parece ser de esas tontas… -Antes de que Julia pudiera siquiera mirar lo que tenía delante, Álvaro comenzó a reírse con naturalidad pareciendo que realmente sí le gustaba la película. De repente dejó de reírse y la miró-. Pero ¡vamos! Que podemos poner lo que quieras.

-No, no, está bien… -< Soy completamente nueva en esto, ¿qué se supone que debo hacer? ¿Hablo? ¿Dejo pasar el tiempo? Tendré que seguir diciendo que no para al final hacer lo que él propone, que por cierto…, ¿qué leches es?>-. Aunque…, se supone que íbamos a dejar zanjado lo de antes ¿no?

-Yo ya lo he dicho todo, la televisión solo es paja de fondo …-< ¡Qué gran símil! >-. Ahora te toca a ti.

Álvaro no la miró, era la primera vez que sentía esa inseguridad y vergüenza hablando con una chica y sabía perfectamente por qué era. Si ella no daba el primer paso, él ya había dado el suyo. Pasaban los minutos y ambos fingían estar muy metidos en la película, hasta que Julia se levantó dispuesta a marcharse. Había quedado con Sergio y se le haría tarde si no se iba ya. Sentados en el sofá se habían acortado distancias, pero nada pasaba de ahí

-Espera…, si quieres te acerco yo y así podemos hablar.

-¿Ahora? ¿Después de más de una hora…?

Estaban de pie en medio de la sala, y sin saber cómo, Julia creyó que todo desaparecía a su alrededor…, no oía ni veía nada, todo se había difuminado. Un escalofrío completamente desconocido la recorría despacio, aumentando en intensidad según pasaban los segundos y sentía a Álvaro más cerca de lo que creía…, < Esto sí que es completamente nuevo, ¡cómo me está mirando! ¿Qué se supone que debo hacer, coger la puerta y marcharme…? no, no, no, ¡otra vez negando! Esto hay que dejarlo zanjado ahora>.

-¡Vale! Si me llevas, me quedo y hablamos. -Se acercó al sofá y se sentó esperando que Álvaro hiciera lo mismo.

De nuevo se encontraban frente al televisor cuando una escena, se supone que graciosa, estaba más subida de tono de lo normal. < Perfecto, ahora estimulación visual…, ¿qué es lo siguiente? Ehhh, un momento, ¿qué es eso?>. Julia miró de reojo a Álvaro y vio cómo su mano recorría despacio, más bien acariciando, su muslo. Tenía la mirada fija en la televisión, estaba convencida de que no estaba siendo nada discreta mirándole y él se estaba dando cuenta, pero no dejaba de serpentear sus dedos sobre su pierna. < Ufff…, se me va de las manos, ¡bueno!, son sus manos las que van por donde quieren>. Julia miró el reloj y parecía no pasar el tiempo, el segundero no quería moverse y sus bocas no pronunciaban palabra, < habla, habla, hablaaaaa>. Justo en ese momento, debatiéndose entre lo que debía y lo que quería, Álvaro apoyó su cabeza suavemente en su hombro y se acurrucó junto a ella, abrazando por detrás de su espalda su perfecta cintura;  no pudo evitar reaccionar con un respingo que la sobresaltó a ella misma. < ¡Qué bien Julia, cómo disimulas!>. No pudo evitarlo, se armó de valor y le miró…, ahora sí encontró su mirada buscando la suya y gritando a los cuatro vientos lo que quería de ella.

-Te veo venir ¿eh? No creas que no me doy cuenta de cómo vas avanzando poquito a poco… -Intentó parecer tranquila, pero comenzó a darse cuenta de que su labio inferior se movía sin control, temblando, delatándola sin ninguna comprensión, dejando al descubierto todos sus miedos.

-No parece molestarte. -Y ¡sí! Ahí estaba Álvaro, ese que tantas veces había visto en acción cada fin de semana-.Si quieres puedes apartarte…, ¿prefieres que nos vayamos ya?

Julia sabía que no quería irse, que debía hacerlo pero algo dentro de ella la mantenía anclada al sofá. < Levántate, levántate y sal de aquí>. Álvaro estrechó más fuerte su cintura y ronroneando suavemente en su cuello, lo besó con una dulzura que ninguno de los dos creía posible en él.

-Álvaro para, de verdad, tenemos que hablar y terminar con esto… -Él parecía no oírla y continuaba ganándose el cariño de su cuello sin separar su cuerpo del suyo-. Tengo que irme, Sergio me espera y esto no puede pasar. No me gustas, no lo hagas más difícil.

-¡Vaya…, quién lo diría! A mí me parece todo lo contrario. -Julia reunió todas las fuerzas que encontró, que a decir verdad no eran muchas, y se volvió a poner de pie alejándose del sofá-. Muy bien, como tu quieras.

Álvaro se levantó y se colocó de pie frente a ella. No quería tocarla, sabía que si lo hacía no podría soltarla. Llevaba desde que la conoció deseándola en silencio, preguntándose qué había visto en Sergio y cómo era posible que no se diera cuenta que merecía mucho más de lo que él parecía ofrecerla. Se veía a leguas que no la trataba como ella necesitaba y ¡qué decir de su físico! ¡¡No pegaban ni con cola!!; frente a él tenía a una chica preciosa, simpática y divertida, que ni siquiera se quería lo suficiente cómo para ver que podía aspirar a mucho más.

-Bueno ¿qué? Entonces… ¿nos vamos? -Intentó mirarla de la manera más intensa que pudo, con toda esa intensidad que solo sentía cuando Julia estaba cerca.

-¿Está todo aclarado? -Le miró intentando descubrir si podía descifrar la mirada de Álvaro.

-¡Claro! -Álvaro suspiró y la dio un abrazo. Se dio por vencido mientras intentaba alargar ese abrazo que le parecía el mejor regalo posible…, dadas las circunstancias claro.

Se separaron, Julia miró el reloj que marcaba la hora de marcharse situado sobre el televisor, y sin pensarlo dos veces le besó… <¿Qué haces, qué haces… ¡¡¿¿Qué haceeeees??!!>. Se miraron y Álvaro no podo ocultar su sorpresa, su confusión. ¿Qué significaba aquello? Fue un beso químico, como aquellas mezclas que se realizaban en el colegio… pero sobre sus labios en vez de en una cubeta. Corto, sin poder disfrutar de saborearse, pero lo suficientemente intenso como para que miles de preguntas entraran sin llemar en sus torrentes sanguíneos.

-Ehh…, ¿nos vamos? -Julia no sabía cómo escapar de ahí, solo sabía que si quería zanjarlo había escogido el camino más complicado. Se dio la vuelta y se dirigió a la habitación donde había dejado sus cosas nada más llegar.

Álvaro salió tras ella y la cogió del brazo justo cuando cogía su bolso.

-¿Qué ha significado eso? ¿Vas a dejarme así? No pienso llevarte junto a Sergio teniendo tu sabor en mis labios.

-Álvaro…, me has besado tú, no me dio tiempo a apartarme. -Ni siquiera ella misma se lo creía, no sabía qué le había llevado a hacerlo y ahora solo sentía cómo el pánico la recorría mientras sus labios ansiaban los que veían sus ojos.

Álvaro se acercó rápido, sin previo aviso, arrinconándola contra la pared y besándola sin preguntar. Ahora sí, apasionadamente, abrazó su cuello con sus manos y encarceló su cuerpo con el suyo. Julia no podía creer lo que estaba pasando, todo lo que sentía… < ¿Acaso he sentido esto antes? ¿Acaso Sergio me ha besado así alguna vez? Dios mío, he cruzado la línea y ya no puedo, ni quiero dar macha atrás>.

-Tengo que irme por favor, dame tiempo, necesito pensar en todo lo que ha…, bueno está pasado…, por favor. -Su mirada imploraba comprensión y suplicaba espacio para poder respirar. Respirar alejada de los jadeos entrecortados de Álvaro, que tanto agitaban su cuerpo ávido de sensaciones, y que ni siquiera ella misma era consciente de necesitar.

Se separaron, recogió el bolso, que sin saber en qué momento había terminado en el suelo, y se marcharon sin decir nada. El silencio en el coche era intenso, tanto como lo que había pasado hacía unos minutos y mucho más de lo que nunca antes Julia había compartido con nadie. < ¿Cómo voy a mirar ahora a Sergio…? ¡¿Cómo voy a poder besarle?! Quiero dormir con su sabor en mis labios, no quiero que Sergio me lo arrebate>.

-Pareces ausente. -Sergio ni siquiera la miró mientras hablaba, simplemente escupía una palabra tras otra  sin esperar respuesta.

-¿Si? No sé, quizá pienso en que el lunes te marcharás fuera tres semanas,en  la discusión del otro día…

-¿Aún sigues con eso? De verdad que creo que ya no tienes edad para esas tonterías. – <Bien bien, veo que sigue en las mismas…>-. ¿No crees que sería mejor pensar en buscar trabajo mientras estoy fuera?

Julia se quedó en silencio dándose cuenta de que ya ni siquiera le importaba; aún sentía el sabor de Álvaro en sus labios, esos que ni siquiera había besado aún Sergio una hora después de verse. Tras lo que pareció una cena eterna, al fin llegó a casa, mañana volvería a verle, estarían todos pero seguro que podría robar alguna mirada a Álvaro.

Llegaron los primeros a casa de Álvaro y Julia no dio lugar a que la situación dejara intuir a Sergio que algo pasaba, aunque ¡claro!, él nunca creería que pudiera fijarse en ella alguien mejor que él, ¿acaso es que había alguno que lo fuera?

-Me encanta tu casa Álvaro, el barrio…, ¡todo!

-Sí, no está mal. -Contestó Sergio con su tono de superioridad, ese que últimamente tanto irritaba a Julia.

-¿Qué os pongo chicos? -Álvaro se acercó tras ellos mirando también por la ventana y rozó suavemente la cadera de Julia que no pudo evitar estremecerse tambaleándose.

-Bájate del reposa brazos anda, que al final te vas a caer. -Replicó Sergio, al que Julia ni siquiera miró mientras sí compartió una mirada con Álvaro que hizo que su entrepierna comenzara a palpitar.

No tardaron mucho en llegar los demás y comenzaron a beber y reír como una noche de tantas, hasta que Julia sintió la mano de Álvaro acariciando su muslo desnudo bajo la mesa, mientras deslizaba su falda poco a poco hacia su vientre. Se paró el tiempo y pudo verlo todo como si de una escena ajena a ella se tratara. Todos reían, el alcohol ya empezaba a coger forma en cada uno de ellos, y Julia creyó que era lo mejor para que nadie repara en el rubor que notaba nacer en sus mejillas.

-¡Eh eh, chicos! Cuidaréis bien de mi chica mientras esté fuera ¿no?

-No lo dudes, Julia es uno de los nuestros y se sentirá como en casa ¿verdad? -Álvaro la miró atravesándola con esos ojos que solo expresaban pasión contendida de tenerla tan cerca y no poder hacerla suya.

-Bueno, bueno…, pero portaros bien que no me fío de vosotros ¿eh? -Julia intentó salir bien parada de entre las risas de todos, y las contracciones que sentía bajo su ombligo-. Voy a llevar los platos a la cocina Álvaro, ¿los meto en el lavavajillas?

-Venga, si insistes te acompaño. -A Julia le hubiera gustado más bien insistir en hacer otra cosa…, pero no era el momento. Tendría que esperar y creía que podría hacerlo.

Caminando por el pasillo detrás de él, sentía que iba a tirar todo al suelo. < ¡Por Dios! Voy a desfallecer con sus insinuaciones>. Cruzó la puerta de la cocina y sin tiempo a dejar los platos, Álvaro abrazó su cuello y se abrió paso entre sus labios. De nuevo todo volvió a quedar difuminado olvidando el mundo alrededor, la lengua de Álvaro besaba cada rincón de su boca mientras Julia la saboreaba dentro de ella. Álvaro se separó cuando oyó cómo alguien se acercaba camino del baño… <Cuidadín que os veo y aún no hay que empezar a cuidarla machote, jajaja>.
Adrián andaba más bien por inercia y no parecía haber visto nada.

-Tranquila, ya están borrachos. -Álvaro la miró tranquilo, como si por sus venas no corriera esa corriente explosiva que quemaría a Julia de un momento a otro. Dejó los platos en la encimera y volvió al salón.

-¿Aún no habéis recogido el mantel?

-¡Eh! Relájate y disfruta anda. -< Sergio mandando qué raro>-. Julia arrugó el mantel y se lo llevó a la cocina haciendo caso omiso de sus palabras, se cruzó por el pasillo con Adrián y sí es cierto que ya iba borracho, ¡vaya si lo estaba!

-Espero que aún quede mucho por traer y poder seguir así…, robándote besos. ¡Venga no te preocupes! Nadie nos va a ver. -Ambos se fundieron en un beso aún más intenso que el de su habitación contra la pared del día anterior, olvidando lo que ocurría en la sala al final del pasillo y centrándose en disfrutar el poco tiempo que tenían.

-Álvaro, ¿hay más hielo? -Sergió entró sin que le hubieran oído acercarse y Julia se puso de rodillas sin pensarlo-. ¿Qué haces en el suelo mi vida?

-Intentaba recoger la que he armado tirando todo lo que había en el mantel, ya os vale haberlo dejado todo aquí.

< ¡Por los pelos! ¿Qué estoy haciendo? Sergio está aquí, esto está mal.> Julia había sentido lo que suponía que esa corriente que la recorría cambiara de polaridad sin previo aviso.

-No hay muchos, si no te importa bajar a por una bolsa te lo agradecería. -Contestó Álvaro.

Sergio engañó a unos cuantos para bajar a la tienda y al final, la alegría del alcohol recorriendo sus venas hizo que se marcharan todos entre risas diciendo que se iban todos juntos como las chicas al baño… Nada más oír cómo se cerraba la puerta, Álvaro subió a Julia en la encimera y la besó fuerte, como nunca lo había hecho antes con nadie, sintiendo que tendría que hacer todo lo posible para que las tres semanas de Sergio en el extranjero supusieran un antes y un después en sus vidas.

-No pooodemos Álvaro, nooo pode…mos… -Las palabras entrecortadas de Julia no hacían sino aumentar el ímpetu con el que la acariciaba y la besaba.

La estrechó fuerte contra él y Julia respondió abrazando su cadera entre sus piernas. <¡Madre mía, madre mía, madre míaaaaaaaa! ¿Soy yo? Desde cuándo vivo dentro de una peli para adultos? ¿Acaso lo soy yo? Para adultos, hija tu siempre tan fina>.

-Te deseo, durante las próximas tres semanas no me voy a separar de ti morena… -Daba igual lo que dijera, Julia se derretía con cada gesto, cada mirada, cada roce.

-No podemos, no podemos, no podemos… -A pesar de lo que decía, se recorrían sin dejar lugar a que el aire corriera entre ellos y deseaban que los demás tardaran mucho en subir a casa de nuevo. Julia aún no entendía como de repente Álvaro había pasado de conocido casi amigo a… ¡amigo con derecho a roce y qué roce! ¿Eso es lo que era?

-Cuánto más lo digas…, más ganas me entrarán de no dejarte escapar. -Álvaro subió la mano por su muslo y rozó suavemente su sexo cuando oyó cómo volvía a abrirse la puerta.

-¿Aún en la cocina? -Sergio dejó las bolsas y se dirigió al salón. Ambos, cada uno en un extremo de la cocina como por arte de magia, fueron tras él uniéndose al grupo.

-Si os hubiérais quedado alguno a ayudarnos…

Julia y Álvaro se miraron y terminaron con los ojos lo iniciado con sus cuerpos.

El domingo transcurrió entre mensajes y llamadas de teléfono que hicieron que Julia, tuviera que bajar más de una vez a la tienda a recargar el móvil bajo la mirada acusadora de la dependienta, < hasta ella sabe que estoy haciendo algo que no debo…, ¡vaya acusación se refleja en su cara! Seguro que no ha vivido una historia así en su vida>. Tras lo vivido ayer en casa de Álvaro, no podía dejar de pensar en él.

-¡Vamos! Date prisa que a este paso no llegamos. -Julia sabía que Sergio estaba nervioso, ella también lo estaría si tuviera que irse tres semanas a Los Angeles para un curso de formación en su magnífico y maravilloso trabajo-. Todos estarán allí y verán que llegué el último.

Frente a la puerta de embarque Julia no sabía si era la emoción de perderle de vista y dejarse caer entre los brazos de Álvaro, o si realmente se enfrentaría a la decisión más difícil de su vida siendo capaz de tomar la decisión correcta. Desde luego sentía la pecera muy alejada de ella y demasiada sequedad en el ambiente, por el contrario Sergio se encontraba como pez en el agua y en el fondo, se alegraba por él.< Tras cinco años es normal ¿no?>.

-Ya voy para casa. -Julia hablaba con Álvaro sin saber muy bien cómo se sentía tras la marcha de Sergio.

-¿Quedamos allí y hablamos? -< Ya…, hablar… ¡ja!>-. O me esperas y voy a buscarte…

-Prefiero ir a casa, ya hablamos luego y esta noche nos vemos ¿vale? -Julia no quería ser ambigua con él, pero necesitaba su espacio para darse cuenta de lo que realmente quería hacer.

No le costó mucho trabajo decidirse, frente al espejo, maquillándose e intentando estar perfecta para Álvaro, solo recordaba sus besos, sus caricias y esa mirada que no recordaba haber visto nunca en Sergio, o si la había visto, había sido hacía mucho tiempo ya. < ¿De verdad quiero echarlo todo por la borda después de tanto tiempo?>, cerró su estuche que hacía tanto no utilizaba, suspiró intentando tranquilizarse y salió de casa explicándole a sus padres, que aún sin Sergio, tenía más gente con quien hacer planes.

Se dirigía al coche de Álvaro ilusionada y muy nerviosa, < ¿cómo puedo gustarle a alguien como él?>.

-¡Hola! -Entró en el coche y sintió cómo se ruborizaba y las palabras salían de su boca sin opción a que Álvaro contestara a su saludo-. Sé que había que aparcar lejos por si mis padres se asomaban a la ventana…, pero ¡vaya! Si que estoy en baja forma. ¿Dónde te apetece ir, por tu barrio o por aquí?

-Hola charlatana, si conoces algún buen sitio por aquí yo no tengo problema, tú decides. -Y sí, esa sonrisa hizo que Julia se desmoronara. < ¡Madre mía yo no voy a aguantar!>. Las contracciones entre sus piernas reafirmaron su opinión.

Entraron en ese irlandés que veía cada día de camino al trabajo, en una pequeña mesa al fondo, abrigada por la oscuridad tras la columna. Apenas sin poder hablar, se vio entre sus labios, entrelazando sus lenguas y deseando más. Cada vez le costaba más controlar sus manos, ¡y qué decir las de Álvaro! Besaba tan bien, cada roce provocaba una corriente que atravesaba cada poro de su piel y esos ojos que solo la miraban a ella hicieron que sin dudarlo pidiera la cuenta y le preguntara por un sitio alejado de cualquier persona que pudiera verles.

-Tú eres el que sabe manejarse en estas situaciones…, me fío de ti. ¡Dónde digas!

-¡Vaya fama! En fin, vamos entonces.

La oscuridad de la noche ya bien entrada, hizo que Julia se sintiera más cómoda, veía árboles a través de la ventana y las luces de la ciudad habían quedado atrás hacía ya tiempo. Escuchó el intermitente, y giraron por un pequeño camino saliendo de la carretera. Pararon, Álvaro apagó las luces y se giró hacia ella… < ¿Vamos para atrás?>. Julia sabia que no podría negar nada a esa mirada…

< ¡Madre mía! Si pensé que lo de antes era pasión… ¿qué demonios es esto?>. Sus besos eran arrebatadores, groseros, incluso violentos, tanto que encendieron algo en Julia que nunca antes con nadie había sentido. Se devoraban anhelantes, el deseo actuaba por ellos y solo se oían los múltiples halagos que pronunciaba Álvaro. Tras un buen rato solo besándose y acariciándose, le desabrochó el sujetador y sus pezones se endurecieron con el tacto de la camiseta y la excitación, que quizá antes ya de salir de casa, Julia sentía. Álvaro la tumbó con delicadeza y la miró sin decir una palabra, solo el contacto de sus ojos era suficiente. La besó despacio, recorrió su cuello y sus manos buscaron sus pezones erectos que endurecieron aún más su sexo, esperando anhelante lo que vendría después. Julia no lo dudó, y ante su propia sorpresa, introdujo su mano bajo los boxers e intentó disimular su expresión. <¡Y lo mejor está aún por llegar! Wow>.  Se incorporó y se sentó a horcajadas sintiendo su sexo duro por ella, por toda esa vorágine de sensaciones que estaban compartiendo y hacía solo unos días eran impensables para Julia. Se movía arriba y abajo escuchando los gemidos de Álvaro en su oído y deseando que este diera el siguiente paso y se introdujera en ella. Antes de lo que pensaba, la estrechó y colocó junto a él, deslizó un preservativo sobre su sexo y volvió a colocarla sobre él ante el asombro de Julia por tanta agilidad y buen hacer ante ella. Fue una primera embestida dulce, suave, casi pudo sentir cada milímetro de aquella preciosidad que formaba parte de ella y parecía no tener fin, cuando toda ella estaba entre sus paredes ávidas de él, no pudo evitar gemir alto, mirándole para creer que de verdad aquello no era un sueño. A partir de ahí, las embestidas fueron cada vez más fuertes y Julia fue acompasándose a ellas como si siempre hubieran compartido esos momentos. < ¿De verdad soy yo quien se mueve así? ¿Qué es lo que he estado compartiendo con el resto de chicos todos estos años?>.

Terminaron, y aún con la falda a modo de cinturón, Julia no sintió vergüenza…, solo una sensación de bienestar, de haber llegado a casa… ¿acaso lo había encontrado? ¿Era él?

No podía dormir, tumbada boca arriba mirando el techo de su pequeña habitación, no dejaba de darle vueltas a lo que había pasado unas horas atrás. < ¿Acaso lo que he vivido estos cinco años no era amor? Quizá esto solo es algo físico, pero…, me ha gustado demasiado. Sergio volverá y antes o después tendré que tomar una decisión; ahora es todo tan perfecto que no quiero que pasen estas tres dichosas semanas. Suerte que está muy lejos y acordamos mandarnos solo mensajes>. Un mensaje retumbó en toda la casa y la separó bruscamente de la tranquilidad de sus pensamientos. < Mierda no lo apagué, papá y mamá van a despertarse>.

Ha sido increible, estoy deseando que llegue mañana para poder verte. ¿Duermes? ¿Hablamos?

Antes de que Julia pudiera ponerlo en silencio, el móvil comenzó a sonar y no pudo hacerse de rogar sino quería despertar a todos los vecinos.

-¡Voy a despertar a mis padres! Ya verás mañana.

-Lo siento, necesitaba saber cómo estabas, si te sentías culpable o…, no sé, a lo mejor estás arrepentida.

-¿Arrepentida? He tenido el mejor sexo de mi vida, ¡¿Cómo voy a volver con Sergio sabiendo que puedo disfrutar más de lo que nunca había imaginado contigo?! -Julia no quería parecer tan emocionada, y mucho menos que Álvaro se inflara como un pavo, pero había sido tan increible que no quería callárselo aunque pareciera que nunca había tenido sexo de verdad.

-Ahh…, qué bien…, sexo. Al menos en algo soy mejor que él, pero no sé si es lo que esperaba escuchar.

-¿A qué te refieres? -Julia notó la decepción en el tono de Álvaro y se dio cuenta que igual había sido demasiado sincera. < ¿Habla de sentimientos…? ¿Quería oír todos esos sentimientos no físicos que he sentido? Pues si a estas alturas ya tengo que dejar de ser sincera…>.

-Pensaba que esta noche había sido algo más que sexo, mejor o peor, el sexo se puede tener con cualquiera. Pero si eso es lo que ha pasado, mejor saberlo ya.

-A ver…, no todo es blanco o negro.

-Hummm…, entonces es gris. Mejor.

-No por favor, no te lo tomes así. No lo entiendes. Llevo cinco años con Sergio creyendo que tenía una relación, que no había nada más. Hace un par de semanas hicimos los trámites para solicitar una vivienda de protección oficial, y ahora apareces tú.

-No pasa nada de verdad, es solo una cana al aire. Cuando él vuelva  todo quedará olvidado. En serio, disfrutemos estas tres semanas y ya está. Descansa, mañana nos vemos. -Colgó.

Julia se quedó con el teléfono pegado a su oreja esperando que su voz volviera, que sonara el móvil y dijera que se había cortado. Nada, tras unos minutos en los que no se pudo sentir más tonta, lo silenció y lo dejó sobre la mesilla. < Perfecto, primera discusión. No era el plan de estas semanas, por lo menos no el mío. Yo quiero seguir compartiendo en el asieno de atrás de su coche todo -o mejor dicho más- y ver que podemos descubrir juntos>. Ya era tarde y no tardó mucho en quedarse dormida aunque no tan feliz como hubiera esperado.

Sus padres habían salido a cenar y Julia estaba sentada frente al televisor sin ver nada en concreto, esperando -perfectamente arreglada- a que llegara Álvaro. < No sé para qué tanto ritual si por la noche todos los gatos son pardos. Bueno, al menos estoy disfrutando de prepararme para alguien que sí valora lo que ve>. Un mensaje sonó por fin y Julia salió corriendo en su busca. Después de la conversación de anoche no quería hacerle esperar.

-Hola guapísimo. -Sin darle tiempo a contestar le besó con pasión, buscando su lengua y disfrutando su sabor-. ¿A dónde te apetece que vayamos?

-Ya cenaste ¿no? Si quieres vamos a tomar unas cañas o unas copas. -Su tono seguía siendo como el de la noche anterior. < ¡Vaya! Tendré que trabajarme el perdón, aunque no entienda muy bien por qué>.

-Si quieres pillamos unas cocacolas en el Burguer y nos las llevabamos a nuestro camino del amor entre los árboles… ¿Qué te parece? -Julia intentó sonreirle de manera sexy, pícara y a la vez cercana…, demasiadas cosas juntas; no supo muy bien que entendería detrás de esa mueca extraña que se reflejó en su cara.

-Ok. Sexo con cocacola, no es mal plan. -Julia no supo cómo reaccionar ante eso e intentó ponerse cómoda en el asiento.

Llegaron tras no haber cruzado palabra y Julia salió del coche sin decir nada. Ya sentada detrás, dio un sorbo a su cocacola y esperó que Álvaro hiciera lo mismo. Nada. Tras esperar unos minutos que le parecieron eternos decidió ser ella quien hablara.

-El sexo telefónico puede estar bien…, pero a distancia sí que me parece poco satisfactorio.

-No te creas, yo lo tuve mucho tiempo con Carmen y no estaba nada mal utilizar la imaginación.

-Bueno…, pero ya que estamos a menos de un metro, creo que es mejor disfrutarlo. -En ese momento Julia se dio cuenta que estaba rogando por sexo y un piloto, que ni siquiera sabía que tenía, se encendió automáticamente-. Pero vamos, que si prefieres nos vamos cada uno a su casa y ya está.

Salió de coche decidida a volver delante y antes de poder abrir la puerta se encontró con Álvaro fuera del coche mirándola con una expresión que no supo descifrar. Se acercó a él despacio, sin dejar de pensar que aquello estaba llevando demasiado trabajo, pero sin olvidar cómo se sentía estando con él. Estando frente a él, colocó su cara sobre su pecho y pudo escuchar cómo su corazón parecía querer salir de su pecho; no necesitó nada más y le besó. Fue un beso completamente diferente a todos los que se habían dado desde que se liaron la manta a la cabeza y dejaron la línea del bien y el mal olvidada en algún rincón de su conciencia. Despacio, acariciando sus labios con sus lenguas, Álvaro no intentó tocar sus pechos ni su trasero, simplemente colocó sus manos alrededor de su cara y saboreó todo lo que Julia le ofrecía.

Tras varios minutos sin nada más que el perfecto beso de película entre los árboles, volvieron al coche; esta vez los dos juntos. Sí, volvió a ser un sexo maravilloso pero esta vez sintiendo que había algo más que química…, la física se había unido a la ecuación dando un resultado desconocido para ambos.

 

Julia no recordaba un día desde que se tiró a la piscina con Álvaro, que caminara con los pies en la tierra…, levitar se había convertido en su día a día. Cada tarde y cada noche disfrutaba de cómo le hacía sentir, como sus cuerpos hablaban por ellos mismos y cómo, cuando caían rendidos, miles de palabras salían de sus bocas compartiéndolo todo. No había secretos, solo días por delante con fecha de caducidad cada vez más próxima. Estaban frente a su último fin de semana juntos, y ante la sorpresa de amigos y los padres de Julia, esta, era la última en llegar a casa. No le importaban las discusiones con sus padres, junto a Álvaro tenía fuerzas suficientes para enfrentarse a todo.

Llegaron, como de costumbre, cada uno por su lado. Bebieron, rieron e intentaron disimular lo que expresaban sus cuerpos pero las miradas no podían ocultar. Era tan excitante mantenerlo en secreto, que Julia estaba deseando que llegara la hora de estar a solas para poder disfrutar de Álvaro dentro de ella. De repente, le perdió de vista. Le buscó disimuladamente y pudo verle a través del cristal hablando con, Pablo, uno de los mejores amigos de Sergio. Parecían alterados, y Julia deseó que la excesiva cantidad de alcohol que recorría por las venas de Álvaro, no le hiciera irse de la lengua. Apenas faltaban unos días para que Sergio volviera de su viaje y Julia aún no sabía qué decisión tomaría.

Pasado un tiempo que le pareció eterno, ambos volvieron al bar y Julia intentó descifrar la mirada, los gestos…, cualquier señal que le hiciera ver si la conversación había ido mal o bien. En cuanto pudo, se colocó a su lado en la barra.

– Eh…, ¿qué ha pasado?

– Nada, ¿por qué? -Álvaro se volvió hacia ella y pasando su mano por detrás de su cintura, la besó en la mejilla-. Todo está bien tranquila.

– Ya…, cuéntame otra. ¿Se lo has dicho?

– Tranquila, disfruta de la noche. Vamos coger unos taxis y nos vamos donde siempre. -Se dio la vuelta y volvió con los demás.

< Ya, ¿se cree que soy tonta? Él estará borracho, pero sé lo que he visto y cuando me miente>

Compartieron taxi con dos chicos más del grupo y no cruzaron palabra hasta llegar al bar que tantas cosas había visto en los cinco años que había ido con Sergio y todos los demás. Subieron a la planta de arriba y su rincón de siempre estaba libre.

– Eh Julia, en cuanto llegue Sergio tenemos que ir de Barbacoa. -Julia no pudo evitar encontrarse con la mirada de Pablo clavándose como un puñal.

– ¡Claro! No hay problema.

Todos volvieron a las conversaciones que mantenían unos con otros; Julia sintió la mano de Álvaro en su cintura y sus labios en su cuello ronroneando y suspirando en su oído. Julia intentó quitar su mano y separarse disimuladamente… < ¿Qué haces? Nos van a ver todos>, pero Álvaro no parecía, o más bien no quería, parar… < Todos están borrachos, nadie se da cuenta>, y sin más, comenzó a pasar su lengua por el suave cuello de Julia. < Para, para…, me voy, no estoy cómoda con esta situación y sé que le has dicho algo a Pablo. ¿Por qué no me lo cuentas?>, tras ver que no obtenía respuesta, se puso en pie y les dijo a todos que se iba.

– Ehhh no, ¿por qué? -Al unísono, tres se levantaron ofreciéndose a llevarla.

– Shhhh chicos, tranquilos, si alguien tiene que llevarla soy yo. Le prometí a Sergio que la cuidaría. -Álvaro se puso junto a ella y le indicó la salida con la mano. Antes de poder dar el primer paso, Pablo se puso delante y acercándose a ella le susurró… < Ten cuidado…, va muy borracho y todos sabemos cómo es Álvaro>… < Tranquilo, sé lo que estoy haciendo, os he controlado a todos estas semanas…>, se apartó despacio y bajo las escaleras orgullosa delante de Álvaro.

Salieron del local y a pesar de no parar de preguntarle, Álvaro lo que no paraba de hacer él era de tocarla y besarla sin dejar que apenas terminara cada frase. Julia se sentía débil entre sus brazos, al sentir su lengua con la suya, sus manos en su cuerpo…

– ¿Julia? -Julia se volvió y vio a una de sus amigas de la universidad.

– Hola guapa…, ¿qué tal? -Intentó dismular, pero la mirada penetrante de Mónica la atravesaba.

– ¡Vaya! Así que este es el otro ¿eh? -Automáticamente Álvaro se apartó y su rictus cambió por completo.

– Igual ya es el único…, nos vemos guapa. -Y sin esperar respuesta, Julia se dio la vuelta, cogió la mano de Álvaro y se encaminaron a buscar un taxi.

Por suerte, o más bien gracias al alcohol y los ronroneos de Julia, Álvaro reseteó el inoportuno comentario de Mónica y la arrinconó en el primer portal que encontró.

– Hummm…, no imaginas cómo te deseo, te lo haría aquí mismo. -No esperó respuesta y bajó el top palabra de honor que Julia llevaba aquella noche.

– Eh para, cualquiera puede vernos, estoy casi desnuda ¿qué haces? -Pero ¡cómo la ponía aquella situación. Álvaro no paraba de devorarla, lamerla mientras degustaba todo lo que encontraba frente a él.

Julia escapó como pudo y se dirigió a la calle principal esperando poder ver muchas luces verdes y salir corriendo de lo  que podía ocurrir ahí mismo y no tenía fuerzas para parar.

– Espera…, ¿no ves como me tienes? Venga te lo digo si te quedas, está oscuro, nadie nos verá. -Julia se dio la vuelta dispuesta a escuchar.- Me ha dicho que todos querrían hacérselo contigo, que tengo mucha suerte pero que Sergio no se entere.

Para sorpresa de Álvaro, Julia levantó la mano y un taxi paró junto a ellos. Se volvió antes de subir y le dijo… <Avísame cuando llegues a casa y… no bebas más anda>. Mirando la luces de la ciudad pasar a través de la ventana, Julia no podía creerlo… < Y ahora ¿qué? La verdad que con amigos así… Esto se desmorona>. No sabía qué hacer, su corazón se encontraba en una posición completamente opuesta a la razón, pero sabía que tenía apenas unos días para decir qué hacer y cómo.

 

– ¿Qué plan hay para hoy? -Solo imaginándolo Julia se estremecía. Con todo pendiente de un hilo tras saber Pablo de su “affair”, no sabía quién lo confesaría primero, si él o ella.

– Tengo que ir a pagar la plaza de garaje, ¿me acompañas? -< Hummm, qué suculento…>.

– Después de ir a nuestro rincón entre los árboles ¿no? -Una sonora carcajada sonó al otro lado del auricular-. Perdona, claro que te acompaño, pero Sergio llega en dos días y quiero disfrutar de ti…

– Claro morena…, eso ya lo doy por hecho. -No podía evitarlo, Julia se derretía con esa chulería innata y sabía la expresión que tendría Álvaro en ese momento.

Quedaron donde siempre, Julia llevaba una falda de verano, con esa tela con la que pareces no llevar nada sintiéndote desnuda, una camiseta ajustada de tirantes y un collar que su padre siempre le decía que parecía un rosario… < ¡¿Qué sabrá él lo que se lleva?! ¡Bien bonito que es!>. Mientras miraba sus sandalias nuevas divagando acerca de lo que llevaba puesto, subió la mirada y vio cómo Álvaro estaba parado frente a ella dentro del coche… < ¿Subes morena?>. No pudo evitar sonreír y subió al coche. ¿Qué más podía pedir? Había un sol radiante, vería atardecer entre sus brazos, serían uno y pagarían un recibo… eran un pareja normal. Solo faltaba que fuera real.

La sombra de los árboles mitigaba el calor fuera del coche, mientras dentro el fuego estaba a punto de quemar los asientos de un momento a otro. Julia estaba sentada a horcajadas sobre él, se movía despacio, disfrutando de lo que probablemente sería su última vez juntos, sintiéndose…, disfrutando de ser solo uno. Ambos gemían en susurros, sintiendo sus respiraciones y acariciando sus cuerpos con suavidad. Álvaro intentó alargar todo lo que pudo ese momento perfecto, pero un movimiento rítmico justo donde más le gustaba hizo que se deshiciera en ella no sin una pizca de melancolía, aún estando todavía dentro… ¿Así acabaría todo? Julia se sentó junto a él, permanecieron en silencio más de media hora hasta que Álvaro le dijo que era hora de irse.

Llegaron al portal donde vivía su casera, Álvaro llamó al timbre y una adorable anciana abrió la puerta sonriéndoles.

– ¿Es tu novia? -Una sonrisa de oreja a oreja se dibujo en su cara-. ¡Qué pareja tan perfecta hacéis!

Julia deseó por un momento que aquello fuera real. No podía creer que el fin de esas tres semanas perfectas, las mejores de su vida, tuvieran ya su punto y final. ¿Por qué no podía tenerlo todo? Esa tranquilidad de una relación estable, esa confianza tras años compartidos, esa pasión ardiente del principio y esa pareja que con solo mirarla enciende cada uno de los rincones de tu cuerpo y tu corazón. Sin darse cuenta, ya estaban cerca de la puerta de su casa, seguían sin poder estar justo delante; sus padres no dejaban de preguntar, espiar e intentar descubrir qué pasaba ante el silencio de Julia…, y esta, no hacía sino darse cuenta con todo aquello, que el sueño terminaba y debía despertar.

– Mañana ya no podemos vernos ¿no?

– Es lo mejor Álvaro. No puedo dejar a Sergio, se ha portado muchos años muy bien conmigo y…, no puedo, no soy capaz. Daría cualquier cosa porque mi relación con él fuera como lo es ahora contigo pero…, supongo que es la estabilidad ¿no?

– No, no lo es. Si eso es lo que realmente quieres, cada vez que termine la pasión del principio tendrás que cambiar de chico. -Y chasqueó la lengua como si solo hubiera opinado acerca del buen tiempo que hacía esa noche. La cara de estupor de Julia era un poema.

– ¡Ah muy bien! ¿Ni siquiera vas a intentar convencerme? -< Por favor, por favor… ¡¡Hazlo!!>.

– Si estas tres semanas no lo he conseguido…, no creo que pueda hacerlo ahora. Pensé que eran más importantes los hechos y no las palabras. -Una lágrima parecía correr por su mejilla, pero Julia no quiso intentar cerciorarse. De lo que no tenía duda es de que él, lo estaba pasando realmente mal, con lágrima o sin ella.

– Ok. Nos veremos el fin de semana, ¿no? -Julia buscó su mirada pero no la encontró.

– Supongo.

Julia le dio un beso suave en la mejilla, largo, intenso, mientras su mano le abrazaba el cuello buscando un gesto, o al menos, que le devolviera ese medio abrazo que intentaba darle. Nada. Ni un movimiento. Ni una caricia. Nada.

Salió del coche y vio cómo este se alejaba. Caminó despacio  a casa, sintiendo un vacío cómo nunca antes. ¿Significaba aquello que había tomado la decisión equivocada? Se sentía completamente perdida. Llegó a casa, fingió delante de sus padres que estaba bien, además de muy feliz por la vuelta de Sergio. < Tendría que haber apurado hasta el último momento de mañana>. En el fondo sabía que no se encontraría cómoda haciéndolo, necesitaba su tiempo de luto… aunque dudaba si no necesitaría que durara eternamente. Tras lo que pareció un tiempo interminable, pudo sentarse sobre su cama, sola, pensando, echando de menos a Álvaro, enfrentándose a lo que se encontraría cuando Sergio volviera. No solo perdería el mejor sexo de su vida, sino la compenetración que compartía con Álvaro, la química… la felicidad. Se tumbó e intentó dormir.

Abrió los ojos y el reloj marcaba las 2.00h. Sin pensarlo se incorporó, cogió el móvil y comenzó a marcar…

Un tono, colgó. Cogió aire y volvió a marcar. Colgó. Se volvió a tumbar con el móvil aún en la mano y sintió no estar preparada para hacer esa llamada, al menos no en ese momento.

El despertador sonó y se sentía como tras una noche de juerga donde el alcohol turbaba los recuerdos. < ¿Le llamé? Recuerdo haber marcado…>. El móvil no estaba sobre la mesilla, se incorporó y lo vio en el suelo, lo cogió y miró el registro de llamadas…, allí estaba su numero; en ese momento tras un segundo de lucidez al que se aferró con todas sus fuerzas, recordó lo que pasó. < Será mejor que vaya a trabajar y pida una segunda opinión>.

– Eso solo puedes saberlo tú Julia.

– No deberías haber hecho nada con Álvaro estando aún con Sergio.

– ¿Todo el tiempo que llevas con Sergio no se merece otra oportunidad?

< ¿Para qué preguntaré? ¡¡¿¿Para quééééééééé??!!>. Lloraba en los descansos, en la hora de la comida, cada vez que se quedaba sola y cuando buscaba estar sola. Cada momento que pasaba se sentía más perdida; esa misma noche Sergio aterrizaría y mañana tendrían que verse. Fue justo en ese momento, cuando se dio cuenta que faltaban menos de 24h para verle cara a cara, cuando lo supo. Recordó sus preciosos ojos azules…, pero también su mirada, esa mirada vacía comparada con la de Álvaro. < ¿Así va a ser? ¿Compararé cada cosa que haga?>

Tras un día que pareció interminable y no había servido sino para dejarla aún más confusa, decidió llamar a Violeta. Dudó si llamar a Álvaro, de quien no había sabido nada, pero sí había hecho caso de su petición para el luto… Sabía que no, no era una buena idea. Buscó el número de Violeta en su agenda y llamó. Justo en ese momento, la pantalla se iluminó y  comenzó a sonar el móvil.

– ¡Hola! Ya estoy aquí. Tenía la esperanza de que vinieras a buscarme…, ya sé que hablamos de que sería muy tarde, pero después de pasar nuestro quinto aniversario tan alejados pensé…

– Ya, lo siento, yo también lo pensé pero… -Julia no creyó poder tener esa conversación sin estar preparada, pero… ¿en algún momento lo estaría?

– ¡Vaya esperaba otra reacción! Da gusto escuchar cómo te alegras. -Otra vez Sergio y su sarcasmo con puñal.

– Escucha…, este tiempo me ha dado tiempo para pensar. Sé que esta conversación no se debe tener por teléfono, pero no creo que sea capaz de verte y que vayas con una intención… ehhh… y te encuentres con todo el pastel sin estar preparado…

– Preparado para qué, ¿de qué hablas? ¿Qué ha pasado?

– Creo que no debemos seguir juntos… -Y en ese momento una mezcla explosiva de tristeza y alivio abarrotaron todo su cuerpo provocando una presión en su pecho ahogando la mínima respiración que intentaba liberarse de su cuerpo.

– Perdona ¿qué? ¿Me estás dejando? ¿Hay alguien más, es porque apenas hemos hablado estas semanas? ¡Solo han sido tres semanas y llevamos cinco años juntos!

– Mañana nos vemos y lo hablamos ¿vale?

– No no no no no…, esto lo hablamos ahora y mañana. ¿Qué demonios ha pasado? – Julia pudo oír como Sergio empezaba a llorar y su tono se alteraba siendo difícil entender lo que decía-. Te he com..prado miles deee cosas…y…

– Sergio, no lo hagamos más difícil… – Y Julia también comenzó a llorar.

– También estás llorando, eso significa que en el fondo no quieres hacerlo, no puedo creer que esto haya pasado sin que haya nadie más. Por favor dímelo, ¿qué he hecho mal?, ¿qué puedo hacer? -Julia volvió a aquel momento frente a los video juegos donde se dio cuenta que su relación comenzaba a naufragar.

– No puedo seguir hablando, esto me hace demasiado daño aunque no lo creas, necesito descansar y mañana hablarlo con más tranquilidad. Nos vemos donde siempre a las seis. -Y colgó.

Respiro hondo, intentó coger aire  aunque la presión en su pecho aún no había desaparecido…, y le costó. Le costó mucho. Apenas podía ver a través de todas las lágrimas que emanaban de sus ojos. Se los frotó casi haciéndose daño y llamó a Violeta.

– Hola guapa, ¡qué sorpresa! ¿Todo bien? – No era normal que le llamara a esas horas, Violeta no dudó de que algo iba mal.

– Acabo de dejar a Sergio… -Y de nuevo el torrente de lágrimas.

– ¿Por teléfono? Hombre…, no es la mejor manera de hacerlo, pero si era lo que necesitabas… Porque es lo que realmente quieres ¿no?

– ¿Y por qué estoy así entonces? -Comenzó a sentir miedo, mucho miedo de haber tomado la decisión equivocada, recordó todos los momentos buenos con Sergio haciendo desaparecer los malos-. ¿De verdad no me hacía feliz? ¿Y si para Álvaro solo soy una más de todas las que tiene cada fin de semana? ¿Y si él decide quedarse con sus amigos para los que me convertiré en una guarra cuando se enteren?

– Shhhhhh, tranquila Julia, deja de pensar y preguntarte cosas. Yo creo, que lloras porque termina una etapa de tu vida que ha sido una muy importante…, han sido cinco años, es el miedo quien hace esas preguntas. Has tomado la decisión porque en el fondo no eras feliz, si Álvaro hace lo que dices solo demostrará que no te merece y tú podrás rehacer tu vida sabiendo a qué atenerte.

– Pero…, ¡¡yo no sé estar sola!!

– Cariño…, mejor sola que mal acompañada. ¿Hablarás con él en persona?

– Sí, mañana cuando salga del trabajo.

– Perfecto. Es tarde, ahora descansa y mañana hablamos antes de que le veas ¿vale? Si necesitas algo llámame, pero de verdad, has hecho lo que sentías que debías hacer… fíate de ti misma. -Y colgaron.

6.00 p.m

< No viene,¿dónde está?, ¿es pronto?; sí es pronto. Aún no sé nada de Álvaro, pero yo tampoco le he llamado…>

– Hola. -Julia se volvió y ahí estaban esos ojos azules que le enamoraron hace cinco años… < Que no me convenza, quiero pasar página, quiero pasar página, quiero pasar página>-. ¿Puedo besarte? – Y Julia giró la cara acercando su mejilla a sus labios.

– ¿Entramos a tomar algo?

Se sentaron uno frente a otro; antes de que Julia pudiera hablar, Sergio se adelantó: < Mi padre tiene cáncer>. Perfecto, ¿por qué tomar un decisión de sin coacción?

– ¿Qué? -Julia no lo podía creer, ¿era una estratagema?-. ¿Y qué va a hacer? ¿Qué le han dicho los médicos?

– Han programado la operación para dentro de un par de meses…, serán dos meses muy duros de espera y sin ti…-Ahí estaba el puñal. < No pienso sentirme culpable, si claudico abro la puerta a miles de excusas más>.

– Vaya…, no imaginas cuánto lo siento, pero si puede esperar dos meses estará en una fase muy temprana. Si hay algo que yo pueda hacer…

– Sabes que sí…, pero ya has tomado tu decisión. -Julia intentó mantener la compostura sonriendo de la manera más dulce que pudo sin decir nada.

Fueron veinte minutos eternos, sin saber cómo, pudo manejar la situación manteniendo las distancias y bajaron Gran Vía hacia el autobús para volver a casa. < Por favor no le beses, no le beses>, las palabras de Álvaro, quizá por miedo a despertar lo que él había conseguido enterrar durante tres semanas, retumbaban en la cabeza de Julia. La parada estaba vacía, así que acababa de salir el autobús y tardaría mucho en llegar al siguiente.

– ¿Me darás un beso de despedida? – Y esos ojos azules intentaron secuestrarla para llevarla a tiempos mejores en los que no hacían falta palabras…, solo miradas.

– Eso solo removería todo, sería hacernos más daño.

– ¿Ni siquiera merezco un beso de despedida? -< ¿Acaso no merecía yo algo más en este último año?>.

En ese momento, como caído del cielo, apareció el autobús mientras Julia vio como los labios de Sergio se acercaban peligrosamente a los suyos. Haciendo acopio de todas sus fuerzas, con las puertas del autobús abiertas frente a ella dándole apoyo, giró la cara y Sergio solo pudo saborear su mejilla. < ¡Vaya! Una cobra en toda regla…>.

– Espera por favor no te vayas…

– Quiero coger un buen sitio… -Y sin más… esa fue su despedida. Julia no miró atrás mientras Sergio no perdía de vista el autobús hasta que se alejó lo suficiente para ver cómo su relación tras cinco años había terminado.

Julia miraba por la ventana recordando las veces que había recorrido la Castellana en el coche de Álvaro; era libre, había terminado todo y aún así… esa presión en el pecho no dejaba de presionarle el corazón. < Y ahora ¿qué?>. Su móvil comenzó a vibrar, supuso que sería Sergio y dejó que dejara de sentirlo. No había marcha atrás. Con Álvaro o sin él, sabría salir adelante.

Llegó a casa y se sintió con las fuerzas suficientes para decírselo a sus padres.

-¡¡¿¿Quééééééééé´??!! Pero… ¿Tú sabes lo que haces? Sergio es un chico maravilloso, encontrarás pocos como él.

Su madre no entendía por qué, su padre se mantenía en silencio sin querer influenciarla apoyando su decisión…, y en ese momento Julia lo tuvo claro. < ¿Qué encontraré pocos como él? ¡Qué tengo cincuenta años? ¡Por Dios! Aún no cumplí los veinticinco!>. Tras media hora escuchando sermones y discursos que no la ayudaban nada en absoluto, por fin se encerró en la soledad de su habitación. Se dio cuenta que ya era de noche y llevaba horas sin mirar su móvil.

Tres llamadas perdidas, dos mensajes.

Las llamadas eran de Álvaro, un mensaje de Sergio :No me olvidaré de ti tan fácilmente, llámame si cambias de opinión y te das cuenta que todo esto es un error…, ¿te acuerdas de nuestra primera cita en Moncloa?”; y otro de Álvaro: “Te llamé varias veces, no quiero ser más pesado. Si viendo a Sergio decidiste que era lo que querías no me contestes aún, nos veremos con todos pero… Da igual, te volveré a llamar”.

< ¡Madre mía! >, marcó su número, llamó y esperó que todo saliera bien. ¿Acaso no era capaz de decidir sin las monsergas de sus padres, más bien de su madre, ni el acoso de ellos?

– Hola…

– Me alegro que llames, pensé que no lo harías.

– ¿Qué haces?

– Estoy fumando en el coche. -Julia no entendía por qué, podía hacerlo en su casa…

– ¿Y eso? Puedes hacerlo en la terraza…

– Estoy en tu portal. -El estómago de Julia voló hacia su garganta intentando salir disparado.

– ¿Qué? Son las once, sabes que mis padres me pondrán mil problemas para salir de casa a estas horas y entre semana…

Sin pensarlo, colgó el teléfono y fue corriendo hacia la puerta… <Ahora subo, no tardo>, y sin oír la respuesta de sus padres cerró la puerta tras ella.

Cerró la puerta del portal y le vio apoyado en la columna del portal de en frente. Se paró, cogió aire y mirando a ambos lados cruzó corriendo la calle. Álvaro tiró el cigarrillo al suelo y se fundieron en una largo y profundo abrazo que sus padres vieron desde la ventana.

– Te quiero, te quiero, te quiero… -Álvaro no dejaba de susurrar las dos palabras mágicas mientras se abrazaban.

– Ni siquiera sabes qué ha pasado. -Julia se separó despacio y le miró, sí, a esos ojos llenos de sentimientos, palabras para ella y mucho mucho sentimiento.

– Estás aquí, no importa nada más.

Diez años después…

Tras deshacerse completamente el grupo cuando todo salió a la luz, Álvaro y Julia se dieron cuenta que solo abrieron las puertas a que cada uno hiciera lo que quisiera sin pensar en el qué dirán. Solo tres amigos permanecían junto a ellos. Sergio estaba casado con una mujer, compartiendo casa con ella y sus dos hijos y Álvaro y Julia vivían juntos en un pequeño piso del centro. Enfermedades, fallecimientos y mucho dolor perseguía sus vidas haciendo más fuerte su amor.

Sentados frente al televisor, se miraron y lo supieron…

– Creo que es hora de dar un paso más allá…

– ¿A qué te refieres cariño?

– Quiero demostrar al mundo que te quiero, sufrimos muchísimo para llegar hasta aquí y quiero que todos sepan que no nos equivocábamos cuando decidimos estar juntos. -Las palabras de Álvaro eran realmente sinceras, su mirada no escondía ningún ápice de duda.

– Tengo una idea mejor, iremos al juzgado con las únicas tres personas que se han mantenido a nuestro lado. No tenemos que demostrar nada a nadie más.

Sellaron el acuerdo con un beso… y comenzaron a mirar fechas para celebrar su amor con quien realmente merecía la pena.

Decidido (Final. Saga Química)

Decidido (Final. Saga Química)

take me away

– ¿Qué? -Julia no lo podía creer, ¿era una estratagema?-. ¿Y qué va a hacer? ¿Qué le han dicho los médicos?

– Han programado la operación para dentro de un par de meses…, serán dos meses muy duros de espera y sin ti…-Ahí estaba el puñal. < No pienso sentirme culpable, si claudico abro la puerta a miles de excusas más>.

– Vaya…, no imaginas cuánto lo siento, pero si puede esperar dos meses estará en una fase muy temprana. Si hay algo que yo pueda hacer…

– Sabes que sí…, pero ya has tomado tu decisión. -Julia intentó mantener la compostura sonriendo de la manera más dulce que pudo sin decir nada.

Fueron veinte minutos eternos, sin saber cómo, pudo manejar la situación manteniendo las distancias y bajaron Gran Vía hacia el autobús para volver a casa. < Por favor no le beses, no le beses>, las palabras de Álvaro, quizá por miedo a despertar lo que él había conseguido enterrar durante tres semanas, retumbaban en la cabeza de Julia. La parada estaba vacía, así que acababa de salir el autobús y tardaría mucho en llegar al siguiente.

– ¿Me darás un beso de despedida? – Y esos ojos azules intentaron secuestrarla para llevarla a tiempos mejores en los que no hacían falta palabras…, solo miradas.

– Eso solo removería todo, sería hacernos más daño.

– ¿Ni siquiera merezco un beso de despedida? -< ¿Acaso no merecía yo algo más en este último año?>.

En ese momento, como caído del cielo, apareció el autobús mientras Julia vio como los labios de Sergio se acercaban peligrosamente a los suyos. Haciendo acopio de todas sus fuerzas, con las puertas del autobús abiertas frente a ella dándole apoyo, giró la cara y Sergio solo pudo saborear su mejilla. < ¡Vaya! Una cobra en toda regla…>.

– Espera por favor no te vayas…

– Quiero coger un buen sitio… -Y sin más… esa fue su despedida. Julia no miró atrás mientras Sergio no perdía de vista el autobús hasta que se alejó lo suficiente para ver cómo su relación tras cinco años había terminado.

Julia miraba por la ventana recordando las veces que había recorrido la Castellana en el coche de Álvaro; era libre, había terminado todo y aún así… esa presión en el pecho no dejaba de presionarle el corazón. < Y ahora ¿qué?>. Su móvil comenzó a vibrar, supuso que sería Sergio y dejó que dejara de sentirlo. No había marcha atrás. Con Álvaro o sin él, sabría salir adelante.

Llegó a casa y se sintió con las fuerzas suficientes para decírselo a sus padres.

-¡¡¿¿Quééééééééé´??!! Pero… ¿Tú sabes lo que haces? Sergio es un chico maravilloso, encontrarás pocos como él.

Su madre no entendía por qué, su padre se mantenía en silencio sin querer influenciarla apoyando su decisión…, y en ese momento Julia lo tuvo claro. < ¿Qué encontraré pocos como él? ¡Qué tengo cincuenta años? ¡Por Dios! Aún no cumplí los veinticinco!>. Tras media hora escuchando sermones y discursos que no la ayudaban nada en absoluto, por fin se encerró en la soledad de su habitación. Se dio cuenta que ya era de noche y llevaba horas sin mirar su móvil.

Tres llamadas perdidas, dos mensajes.

Las llamadas eran de Álvaro, un mensaje de Sergio :No me olvidaré de ti tan fácilmente, llámame si cambias de opinión y te das cuenta que todo esto es un error…, ¿te acuerdas de nuestra primera cita en Moncloa?”; y otro de Álvaro: “Te llamé varias veces, no quiero ser más pesado. Si viendo a Sergio decidiste que era lo que querías no me contestes aún, nos veremos con todos pero… Da igual, te volveré a llamar”.

< ¡Madre mía! >, marcó su número, llamó y esperó que todo saliera bien. ¿Acaso no era capaz de decidir sin las monsergas de sus padres, más bien de su madre, ni el acoso de ellos?

– Hola…

– Me alegro que llames, pensé que no lo harías.

– ¿Qué haces?

– Estoy fumando en el coche. -Julia no entendía por qué, podía hacerlo en su casa…

– ¿Y eso? Puedes hacerlo en la terraza…

– Estoy en tu portal. -El estómago de Julia voló hacia su garganta intentando salir disparado.

– ¿Qué? Son las once, sabes que mis padres me pondrán mil problemas para salir de casa a estas horas y entre semana…

Sin pensarlo, colgó el teléfono y fue corriendo hacia la puerta… <Ahora subo, no tardo>, y sin oír la respuesta de sus padres cerró la puerta tras ella.

Cerró la puerta del portal y le vio apoyado en la columna del portal de en frente. Se paró, cogió aire y mirando a ambos lados cruzó corriendo la calle. Álvaro tiró el cigarrillo al suelo y se fundieron en una largo y profundo abrazo que sus padres vieron desde la ventana.

– Te quiero, te quiero, te quiero… -Álvaro no dejaba de susurrar las dos palabras mágicas mientras se abrazaban.

– Ni siquiera sabes qué ha pasado. -Julia se separó despacio y le miró, sí, a esos ojos llenos de sentimientos, palabras para ella y mucho mucho sentimiento.

– Estás aquí, no importa nada más.

Diez años después…

Tras deshacerse completamente el grupo cuando todo salió a la luz, Álvaro y Julia se dieron cuenta que solo abrieron las puertas a que cada uno hiciera lo que quisiera sin pensar en el qué dirán. Solo tres amigos permanecían junto a ellos. Sergio estaba casado con una mujer, compartiendo casa con ella y sus dos hijos y Álvaro y Julia vivían juntos en un pequeño piso del centro. Enfermedades, fallecimientos y mucho dolor perseguía sus vidas haciendo más fuerte su amor.

Sentados frente al televisor, se miraron y lo supieron…

– Creo que es hora de dar un paso más allá…

– ¿A qué te refieres cariño?

– Quiero demostrar al mundo que te quiero, sufrimos muchísimo para llegar hasta aquí y quiero que todos sepan que no nos equivocábamos cuando decidimos estar juntos. -Las palabras de Álvaro eran realmente sinceras, su mirada no escondía ningún ápice de duda.

– Tengo una idea mejor, iremos al juzgado con las únicas tres personas que se han mantenido a nuestro lado. No tenemos que demostrar nada a nadie más.

Sellaron el acuerdo con un beso… y comenzaron a mirar fechas para celebrar su amor con quien realmente merecía la pena.

 

Blanca deslumbrante.

Blanca deslumbrante.

Caminaba despacio, descalza, sintiendo la humedad del rocío en cada una de las hojas del césped que pisaba. Hacía mucho tiempo -más del que podía recordar- que no sentía esa paz, esa tranquilidad infinita que no quieres perder pero sabes que te abandonará.

No se dirigía a ningún sitio, solo se dejaba llevar por el enorme sentimiento que la invadía. Cuanto más avanzaba más sentía acercarse a la llamada que sintió al comenzar a caminar. Era fuerte, intensa, desconocida pero al mismo tiempo familiar; no quería pensar, solo seguir manteniendo esas sensaciones que la recorrían y se iban haciendo más intensas a cada paso. Sin darse cuenta se vio frente a una puerta blanca, deslumbrante, con un precioso pomo que parecía llamarla a gritos. No lo dudó, despacio pero con determinación, la abrió.

Se encontró frente a una sucesión de imágenes de ella misma, de su propia vida. Diferentes etapas con ella siempre presente. De repente sintió entrar en caída libre y abrió los ojos.

Se encontró tumbada en su cama, entre sus sábanas, en su habitación.

<¿Qué había pasado? ¿Qué significaba aquel sueño?>

Cada mañana igual. Mientras se preparaba el desayuno intentaba pensar en cada una de las imágenes que veía cada noche, pero esta vez había sido diferente. Aún no sabía el qué ni por qué, pero lo averiguaría. Durante todo el día siguió pensando acerca de qué hacer, cómo hacerlo, pero todo llevaba al mismo sitio… la nada.

Tras semanas sin llegar a ninguna conclusión, de repente una noche no soñó, no se levantó con ese sobresalto frente a la paz de la noche. Ni a la siguiente, ni a la otra. Sentía un vació que la invadía cada mañana sin poder refugiarse en que por la noche aquellas imágenes, aquella sensación en sus pies, en su corazón cuando veía pasar cada imagen tras abrir la puerta, la llenaría escondiendo el vacío… ahí fue cuando de repente lo supo. ¡Había descubierto el significado! ¡El por qué!

Esperó a salir del trabajo, no pasaría por casa, iría sin pensar en nada más, tal y como hacía en su sueño, ese que tanto echaba de menos. Sus pies parecían querer ir por delante y no lo dudó. Comenzó a correr, esta vez sabía hacía dónde y a medida que se iba acercando corría aún más rápido.

Al fin llegó, allí estaba, con esa puerta blanca y deslumbrante frente a ella, ¿cómo no lo había visto antes? Respiró hondo y llamó al timbre. Años sin verse, meses sin hablarse, deseaba por encima de cualquier otra cosa que siguiera ahí, tras aquella puerta. De repente y sin preguntar, se abrió y con lágrimas en los ojos se lanzó entre sus brazos. Le besó y supo que había llegado a casa.

Cada secuencia, diferentes o repetidas, solo habían tenido siempre dos cosas en común… ella y él.

Orgullo, personalidades opuestas, entorno, todo daba igual… no volvería a separarse de él. Su corazón, aun en sueños, supo como comunicarse con ella y ella, encontraría la manera de comunicarse con él.

Realidad

Realidad

La luz intentaba cegarme y el sonido lejano de noticias deportivas en cualquier radio hacían que la euforia me invadiera y no podía ni quería perderla. Todo era perfecto, sin tocarme sabía que él estaba ahí, junto a mí, como siempre. Me rozó y sin querer introdujo aún más la vía anclada a mis venas. Abrí los ojos y el blanco de la habitación de hospital me devolvió a la realidad.