Recuerdos vibrantes…

Recuerdos vibrantes…

Eso fue. Un instante. Uno que se aferró a mí, a mis entrañas, para despertar a cada momento sin cesar. Los pasos de los días, las noches, la vida ajena que todos parecían vivir y tú entre ellos.

Tú. Tú en tu máxima exposición. Tus ojos. Tu mirada que me atravesaba, aún ahora en la lejenía, me atormenta más que en aquel momento. Aquel cara a cara que no supe cómo manejar, solo dejar a mi cuerpo vía libre para que lo hiciera. Aún así, se nos quedaron pendientes besos, palabras, comentarios, caricias…, e intimidad. Mucha más intimidad. De hecho, toda ella. De principio a fin, el recuerdo de tus manos sobre mi piel, nuestras miradas al encontrarse y la sonrisa que dejaban dibujadas en nuestros rostros.

¿Lo recuerdas? ¿Lo viviste igual?

Igual solo fui yo, solo mi cuerpo, mi torrente sanguíneo y que la flojera de mis piernas me hiciera pensar que fue real. Que no eras algo más, ni una situación que podría olvidar con facilidad. Aún ahora, registro cada recuerdo como si fueran carpetas de un ordenador que al abrirlas demuestran que aún hay algo en mí.

¿Algo que desaparecerá? ¿Algo que solo fue mío y no de dos?

No podré saberlo, no de la manera que necesito al menos, ya que tu manera de abrirte siempre estuvo supeditada a momentos importantes para la sociedad, cumpleaños, finales de año… pero, ¿y solo para mí? ¿Fue alguno? Quizá deba pedir disculpas porque pasados los años, aún siento nuestras lenguas enredadas en un diminuto espacio que solo invitaba a no separarnos en un baile para el que ninguno habíamos contratado música. Quizá esa música se desarrollaba en nuestro interior y salía al exterior en una forma física sin necesidad de ser aprendida con anterioridad. Esos besos húmedos en los que la sequedad permanecía prohibida y nuestras manos se encargaban de abrazar cada uno de los poros de nuestra piel.

Ojalá se pudiera volver, y olvidar por un momento, nuestra realidad para que igual así… ese pasado se desdibuje hasta no poder descifrar su significado en nuestra piel.

Orgullo griego.

Orgullo griego.

instantesYa había transcurrido un mes tras su noche con Diego; Sir Alfa. Nunca lo admitiría en alto, ni siquiera se lo reconocería a ella misma. Sus quehaceres diarios no habían cambiado, pero sentía una antes y un después de aquella noche.

Muchas noches se despertaba sudando, empapada en remordimientos, entre imágenes que comenzaba a dudar si había vivido o no. Era incapaz de eliminar los malos momentos de aquella noche y recordar solo lo bueno; parecían inseparables unos de otros. Se levantaba, encendía un cigarrillo y deseaba que en cada bocanada, el humo se llevara esos sentimientos que la atormentaban. Volvía a la cama y conseguía conciliar el sueño, pero la luz del nuevo día no traía nada que la hiciera olvidar. « Necesito apartar los recuerdos, las sensaciones, todo lo que me acerca a él y a la traición a mis principios. ¿Cómo pude hacerlo solo por una noche de sexo? »

Su falta absoluta de interés en encontrar otro hombre, provocaba que llegaran a ella como moscas atraídas por la luz. Muchos parecían ser fantásticos, otros, no podían escapar del sello alfa grabado a fuego en cada gesto.

Diego no recordaba un ritmo así desde su adolescencia, cada noche volvía a casa Read more