Recuerdos.

Recuerdos.

Sol deslumbrante. Un torbelllino de recuerdos y sensaciones que con dificultad me deja deslizarme por la calle en dirección a mi trabajo. ¿Cuál? Eso no importa ahora, solo expresar mis sentimientos, o al menos, ordenarlos. Siempre es de agradecer sentir cómo más personas se sienten como tú; perdidas sin econtrar el rumbo o el camino, y no poder contárselo a alguien sin desnudar su interior. «¿Y si se ríen de mí?» «¿Y si me toman por loco, desesperado o inseguro?». A todos nos ha invadido en alguna ocasión esa sensación. La mía… esta misma mañana. Y no sé me ocurre manera mejor de expresarlo que poneros en antecedentes y contaros mi noche de ayer.

Jueves noche con lo que todo ello conllevaba. Colorete,ojos ahumados y pintalabios bermellón que no dejaba a nadie indiferente. Para qué engañaros si era la verdad. Sentía las miradas posadas en ellos, luego cómo estas bajaban a mis pechos para continuar con el cortorno de mis curvas ocultas por un vestido ceñido que con bastante seguridad todos -y alguna chica-, querrían desgarrar. Igual de manera violenta como en alguna escena de película subida de tono o quizá, solo alguna escena que necesitara el guión para poner en situación a los espectadores. Apoyada en la barra con mis amigas ya sentadas en una mesa que igual conseguimos a base de sonrisas, como se puede entender era noche solo de chicas, un fuerte acaloramiento comienza a forjarse en mi nuca haciéndome girar la cabeza y voilà: allí estaban esos ojos verdes que me atravesaban sobre unos labios tan carnosos que podían —y de hecho yo lo deseaba con todas mis fuerzas— desgustarme de manera lenta y pausada. De arriba a abajo. De abajo a arriba. Mientras toda mi piel se erizaba y estremecía a partes iguales deseando más. Siempre más. Aquí, entre nosotros, soy bastante insaciable cuando encuentro algo que pone en marcha cada partícula de mi cuerpo. Y ÉL lo hizo, ¡vaya sí lo hizo! Sin darme cuenta se fue acercando mientras sorteba a cualquiera que se interpusiera entre nosotros, y lo hacían bastantes personas ya que aquello estaba a rebosar, pero antes de que el camarero se percatara de mi presencia ansiosa por pedir algo que llevar a mis amigas y a mí al cuerpo, nuestros antebrazos se tocaron provocando un comienzo de fuegos artificiales en todos los colores y formas posibles. En ese momento giré  todo lo posible mi mirada y ¡ay, esos ojos! ¡Esos labios tan poderosos! Pero el momento se rompió cuando el camarero me preguntó qué quería, estos siempre inoportunos, después de media hora deseando mi bebida y las de mis amigas, se percata de mi presencia cuando menos falta hace.

—¡Nena! Has tardado la vida. No me digas que encontraste algo más que las bebidas… —comentó mordaz una de ellas.

—Algo así. Pero la llegada de las bebidas hizo que todo se esfumara. Por cierto, gracias por ayudarme con las copas. Y la reprimenda va para las dos, ¿eh?

La noche siguió su curso y ninguna mirada de ojos verdes sobre labios carnosos apareció sobre nosotros, así que asi estoy ahora. Con cientos de recuerdos vívidos de camino al trabajo que hacen que todo lo que veo sea distorsionado y mis ojos solo quieran cerciorarse de que lo de anoche fue real. Bajo distraída las escaleras del metro, subo al vagón repleto de expresiones dormidas y llenas de letargo hasta que siento como un reflejo parece brillar en la oscuridad del túnel. De nuevo todo a mi alrededor desaparece como anoche en el pub y los recuerdos comienzan a ser más vívidos, tanto, que cuando llegamos a la estación y él baja del vagón, mi expresión se contagía del sopor que me rodea y todo se convierte en recuerdos. Simples recuerdos que desearía haber vivido, aunque lo haré.

Simpre se me ha dado bien convertir recuerdos en sueños, ¿a vosotros no os pasa?