Descubriéndome…

Descubriéndome…

vino

No tenía los ojos abiertos, ni siquiera  se adentraba la luz suficiente para querer hacerlo, pero veía con nitidez lo que mi corazón intentaba revelarme; al fin sentía la fuerza suficiente no  solo para escucharle, sino también para comprenderle.

Siempre oí aquello de la fortuna que supone vivir experiencias inesperadas pero… ¿siempre es bueno lo inesperado?; ratificaré que SÍ. Me recorrían esos escalofríos que  estremecen, sabía que mi corazón sonreía entre las sensaciones placenteras que invadían mi cuerpo sin necesidad de hacer uso de lo que pudieran ver mis ojos. Lo verdaderamente real, profundo e intenso es invisible  a los ojos. No sabía en qué momento, tampoco importaba, pero había pasado. Se había vuelto a convertir en realidad; una realidad alejada de lo utópico, en verdad, era todo lo contrario. Lo sentía como esos pequeños detalles que para la mayoría pasan desapercibidos pero en mi caso suponían un gravamen para mi alma.

Mientras ronroneaba entre las sábanas con la dulce y suave brisa del otoño recién llegado, mis pensamientos, mis reflexiones, juicios e ideas —lejos de amontonarse como hacían en lo que ya parecía una vida anterior— fluían en calma, quietud e incluso paz. Algunos atisbos de interrogantes parecían querer salir a la luz y resquebrajar la sensación que había llegado a mí solo con pensarlo, o más bien, desearlo en silencio. Me levanté despacio, sin alejar esos posibles interrogantes de los que siempre se aprende y te ayudan a crecer. ¿Por qué se encontraban en mi interior? ¿Acaso no había conseguido llegar a donde pensé sería imposible? Caminé hacia el lavabo, mis areolas insinuaban lo que mi cuerpo deseaba físicamente mientras mi mente no lo creía necesario. El agua se deslizaba por mis mejillas, transmitiendo la energía necesaria para empezar el día con una sonrisa. Ya en el salón encendí la televisión, y mientras organizaba la mesa empleada para el desayuno, su voz invadió la estancia, el piso y hasta mi interior. Frené en seco todo lo que tenía entre manos, me giré con lentitud, parsimonia y pausa para ver —esta vez sí con la necesidad de que mis ojos hicieran su trabajo— que era él. Él. Quién me mostró entre palabras cómo mi corazón podía ver sin necesidad del sentido de la vista. Me senté para no perder detalle de lo que transmitían sus palabras; nada trascendental, pero siempre relevante.

Era consciente de su persona alejada de las cámaras; consciente de lo que provocaba el que esa conexión hubiera nacido; consciente de que era diferente. Quizá tanto como yo con una sola diferencia: él se había encontrado, había hecho un trabajo de introspección que había supuesto un antes y un después. Mi cuerpo pedía sexo, mis pezones endurecidos echaban de menos unas manos que los acariciaban, succionaran o incluso admiraran, pero mi mente comenzaba a racionalizar la importancia real de esa sensación. ¿Había sido él, su historia, su mentalidad, lo que transmitía…? No lo sabía y tampoco importaba.

Tras años realizándome con las opiniones sexuales del sexo opuesto,  comenzaba a sentirme incómoda por la insuficiencia que provocaba un sentimiento incapaz de emanar por mí misma. Pensaba, y no tenía ninguna duda, que yo era culpable de esa carencia ya instaurada en mi interior; carencia que convivía día a día conmigo. Él como regalo inesperado y mi pareja, como presente eterno que no flaquea en sus cuidados y paciencia infinita… supusieron un antes y un después en mi vida, un punto de inflexión que me demostró qué es la vida en realidad.

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Marafariña de @Marafarinha.

Marafariña de @Marafarinha.

Marafariña

« Esta novela se empezó a escribir el 17 de febrero de 2013, una tarde invernal, en la que el cielo brillaba.

Esta novela se terminó de escribir el 12 de febrero de 2015 por la mañana. El cielo amenax¡zaba con llover ».

Nacida en A Coruña, el 20 de agosto de 1990, Miriam nos ha brindado la inmejorable oportunidad de abrirnos las puertas de Marafariña, y por tanto, de una porción muy personal de su propia vida. No os engañaré, cuando decidí presionar el «click» para su compra en amazon, dudaba si sería demasiado triste, profunda o incluso dolorosa, dado mi estado de salud en ese momento; ¿qué descubrí nada más leer las primeras líneas? Un mundo nuevo que me envolvía, me abrazaba y transportaba a un entorno cuyas sensaciones, solo transmitían una vida llena de experiencias merecedoras de ser relatadas.

¿Quién no se sintió, se ha sentido, o se siente, condicionado a la hora de actuar de una manera determinada con su entorno, y las nuevas personas que llegan a él? Read more

Arqueándome ante ti.

Arqueándome ante ti.

Cada lunes era un tormento, solo llegar a la oficina una corriente le recorría de pies a cabeza. Sí, para todos lo era, pero para él era un maravilloso y a la vez cruel tormento. Apenas llevaba unos meses en la oficina, pero cada día podía verla desde su despacho sin poder olvidar el primer día que llegó.

Pequeñita, delgada, tacones altos que estilizaban su figura, y esa camisa blanca que tanto le gustaba permitiendo entrever su perfecto pecho a través de la pequeña hilera de botones, que de una manera elegante, sutil y perfecta, estimulaban su imaginación como nunca antes había recordado. Por fin había llegado la cena de Navidad, no era su jefe directo así que quién no podría entender su deseo hacia ella.

Luca llegó pronto, quería ser el primero en poder ver desde la barra como se despojaba de su abrigo y mostraba el maravilloso vestido que seguro, llevaría puesto. Con su copa de vino tinto en la mano, la vio entrar por fin y tuvo que concentrarse para no dejar caer la copa.

Vestido granate precioso, ceñido hasta media pierna y dejando al descubierto ambos hombros. Miró al camarero y enseguida le sirvió un vino blanco. Se dirigió hacia Daniela con ambas copas en la mano, sin dejar de mirarla; cuando llegó junto a ella la beso en la mejilla, un beso intenso que duró más de lo normal, mientras posaba su mano en su cintura. Era una tela suave que parecía fundirse con su piel. De la nada, aparecieron todos y le costó trabajo mantenerse cerca para poder sentarse junto a ella.

Le sorprendió estar tan impresionado, casi avergonzado y no poder más que rozar sutilmente su pierna con la suya y robarle alguna mirada, cómo deseaba esos labios carnosos que parecían llamarle. Tras los postres llegaron las copas y no pudo mantener tanto contacto visual como hubiera querido, tras un rato sin verla decidió marcharse, sin ella, la fiesta no tenía sentido.

Ya fuera no parecía que ningún taxi estuviera libre, cuando al fin paro uno, se sentó y alguien abrió la otra puerta sentándose junto a él. Daniela le miré insinuante y arqueándose ante él indicó al conductor su dirección. Durante el trayecto no mediaron palabra, y al llegar, saliendo cada uno por su lado, Luca no hizo sino seguirla.

Era una piso pequeño, coqueto, pero perfectamente decorado e impregnado por su olor en cada esquina. Colgó su chaqueta en la entrada y Daniela apareció divertida. ¿No piensas entrar? ¿Prefieres quedarte ahí?… Y desapareció por el estrecho pasillo. De nuevo, Luca fue tras ella y sin esperarlo, Daniela se dio la vuelta y se la encontró a escasos centímetros de su boca. Despacio, sin esperar a que fuera ella quien esta vez diera el paso, la besó, despacio, lamiendo sus labios, humedeciéndolos y excitándose aún más. Nada más verla en el taxi su excitación ya había comenzado.

Daniela le empujó contra la pared, intensa, lasciva como él esperaba y sus lenguas se entrelazaron como si ya se conocieran. Colocó sus manos en su suave cintura, en sus caderas, bajando despacio para volver a subir arrastrando con ellas la tela y dejando al descubierto sus piernas cubiertas por unas finas medias que terminaban a la entrada de ese paraíso que esperaba disfrutar más tarde. En ese momento paró, comenzó a besar su cuello y con sus manos descendió sutilmente su escote pudiendo ver su sujetador negro, sencillo, como ella. Paró y deleitó su mirada observándola, frente a él, con su precioso vestido que ocultaba únicamente su vientre. Podía ver sus pequeñas ligas, su ropa interior a juego y su deseo en la mirada.

Daniela se dio la vuelta y llevándole de las manos tras ella, llegaron a su habitación. Le sentó en la cama y se colocó sobre él; despacio, comenzó a moverse sobre él, besándole mientras Luca podía acariciar sus perfectos glúteos. Daniela se separó unos centímetros y desabrochó su sujetador despacio, sin dejar de mirarle, lamiendo sus propios labios.

Sin apenas darse cuenta, sintió como bajaba su cremallera despacio y liberaba su sexo ansioso por ella. Daniela se movió apenas unos centímetros y pudo sentirla dentro, firme, humedeciendo aún más sus paredes ávidas de él.

Luca la estrechó con fuerza y la tumbó sobre la cama, disfrutando de sentirse entre sus cálidas aguas, entrando y saliendo mientras las yemas de sus dedos disfrutaban de sus pezones erectos. Comenzó a lamerlos con su lengua mientras Daniela gemía suavemente, cada vez más rápido, acariciando su espalda y estrechándole aún más contra su perfecto cuerpo.

Despertaron uno junto a otro, aún vestidos y aún sin intercambiar palabra, volvieron a repetir, esta vez desnudos, uno frente a otro todo lo que ayer quedó por descubrir.