Sudor perlado

Sudor perlado

Me doy la vuelta en la cama con la única luz del resplandor de las farolas de mi calle. Siento cómo la mojada almohada baña mi mejilla e intento incorporarme para pulsar el interruptor que pueda iluminar mi solitaria habitación. Observo la escueta ropa que me cubre pegada a mi piel con las gotas de sudor que bajan desde mi cuello con dirección a mi pecho. Al igual que en mi entrepierna, siento cómo todo parece estar salpicado de perlas de sudor nocturno.

«¿Serán mis sueños? ¿Será el calor….? ¿O será tu recuerdo?».

Me cubro la cara con mis manos sudorosas de ti. De mis recuerdos contigo y que no soy capaz de olvidar. Recuerdos que parecen tan vívidos, que siento junto a mí en la cama. Mirándome. Sonriéndome. NIego con la cabeza y me pongo en pie frente al ventanal del último piso. Una fresca brisa parece saludarme mientras la humedad en mí, esa que lleva tu nombre, no tiene otra manera mejor de expresarse que con sudores. Uno perlado y cálido.

Sudores que se reproducen en mi cabeza con cientos de neuronas gritando tu nombre lo más alto que pueden. Me estremezco, una corriente me doblega en su recorrido de pies a cabeza. «¿Eres tú?», no dejo de preguntame una y otra vez. Mi pensamiento racional sabe que ni estás, ni quieres estarlo. Que esto, es una batalla que debo superar para ganar mi guerra conmigo misma. Esa guerra que por un momento me hiciste creer que podía ganar…, pero lo único que gané son recuerdos dolorosos y despertares angustiados. Sí, los sudores llevan tu nombre. Mi cuerpo se estremece con tu recuerdo, pero viendo la multitud de gente que debe vivir en los edificios colindantes, sé que muchas de las personas que allí están han luchado esta guerra antes, o incluso en estos momentos. Pero mi cuerpo genera ese sudor perlado que solo puede pertenecerte a ti, quieras o no. Quizá sea mi guerra, pero las consecuencias son tu legado. Un legado entre sudores y humedades de las que no te puedes aprovechar, porque… a lo hecho pecho. No podrás sentirlos, ni conocer su sabor. Solo imaginar cómo sería estar aquí compartiéndolo conmigo. Lástima.

Los sudores me despetarán porque tus recuerdos no parecen querer salir de mis neuronas, pero tú…Tú al menos pareces feliz. Aunque nunca dudaré de que también te estremeces cuando algún recuerdo, alguna canción, algún anuncio en la televisión, vuelva a recordarme… ¿Lo sientes?

Ojalá no haya sido solo un sueño perlado.

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