Orgullo griego.

Orgullo griego.

instantesYa había transcurrido un mes tras su noche con Diego; Sir Alfa. Nunca lo admitiría en alto, ni siquiera se lo reconocería a ella misma. Sus quehaceres diarios no habían cambiado, pero sentía una antes y un después de aquella noche.

Muchas noches se despertaba sudando, empapada en remordimientos, entre imágenes que comenzaba a dudar si había vivido o no. Era incapaz de eliminar los malos momentos de aquella noche y recordar solo lo bueno; parecían inseparables unos de otros. Se levantaba, encendía un cigarrillo y deseaba que en cada bocanada, el humo se llevara esos sentimientos que la atormentaban. Volvía a la cama y conseguía conciliar el sueño, pero la luz del nuevo día no traía nada que la hiciera olvidar. « Necesito apartar los recuerdos, las sensaciones, todo lo que me acerca a él y a la traición a mis principios. ¿Cómo pude hacerlo solo por una noche de sexo? »

Su falta absoluta de interés en encontrar otro hombre, provocaba que llegaran a ella como moscas atraídas por la luz. Muchos parecían ser fantásticos, otros, no podían escapar del sello alfa grabado a fuego en cada gesto.

Diego no recordaba un ritmo así desde su adolescencia, cada noche volvía a casa con una chica diferente, incluso no hacía falta que la noche escondiera su comportamiento; solo salir de casa era suficiente, una librería, una tienda de ropa, un supermercado, suponían un mecanismo suficiente para alcanzar su fin. Embestía, se deshacía y de nuevo el mismo guión horas más tarde o, en su defecto, al día siguiente. Solo una diferencia respecto a la adolescencia le aturdía, le desgarraba sin expectativa de desaparecer: Martina. Sí, veía otros cuerpos, otros rostros, otras sonrisas, pero no su mirada; aquella mirada que inundó cada rincón de su cuerpo y su mente, esa mirada no estaba allí. Le destrozaba no poder perderse en esos ojos profundos y sinceros, en ese diálogo mudo que sin saber cómo, entendía mejor que cualquier palabra.

Un amigo le había conseguido su teléfono , pero esa serie de números seguían en un pequeño papel sobre el recibidor de su casa; tenían demasiado significado para transformarlos en una llamada.

Las vacaciones de verano llegaron, y como cada año, se fue de la ciudad para disfrutar de la playa; en su caso, huir de esa ciudad donde solo parecía existir el recuerdo de Martina. Tras unos días, parecía haber alejado el miedo a esas sensaciones que no estaban hechas para él… hasta que la vio. Caminando por el paseo marítimo, riendo con sus amigos, ajeno al tornado que se acercaba, Martina paseaba junto a sus amigas con la mirada puesta en él, pero sin aminorar el paso. Se cruzaron y un silencio sepulcral enmudeció las risas y conversaciones de ambos grupos.

Un silencio que todos entendían, y no fue suficiente para que alguno se detuviera. Las miradas, de Martina y Diego, se cruzaron durante unos segundos que parecieron eternos; Diego, intento encontrar en esa profundidad que recordaba, los mismos mensajes; Martina, sabía que su mirada ya no expresaba a la Martina que fue durante una noche y nunca más volvería.

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4 comentarios en “Orgullo griego.

  1. Se pierden grandes amores por el orgullo. Algo lamentable desde mi punto de vista. Era el final que sabía tendría la historia. ¿Por qué sera?

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