Después de alfa… beta (II)

Después de alfa… beta (II)

Ï

Martina no se lo podía creer. Frente a ella podía ver cómo las luces de la ciudad pasaban como pequeños signos de un idioma que desconocía. No dejaba de preguntarse qué hacía con él en un taxi, ni siquiera sabía hacía dónde iban. Se volvió, y decidió coger el toro por los cuernos:

—Sabes que me voy a bajar en cuanto paremos ¿no? —Martina intentó endurecer su expresión.

—Eso espero preciosa, sino… la carrera te costará un pastón —respondió con una sonrisa bobalicona.

En ese momento, el taxi paró, y mientras Diego pagaba, Martina aprovechó para bajar y practicamente salir corriendo. Andaba a paso rápido, sin saber hacia dónde. « ¿Dónde leches estoy? Si pasa un taxi, subo y me voy. Esto parece una broma pesada». Sus pensamientos fueron interrumpidos cuando Diego estrechó fuerte su muñeca parándola en seco.

—¿Qué crees que estás haciendo? —Diego parecía realmente sorprendido—. ¿Es una lucha de poder o algo así?

—No, perdona. Eres tú el que me ha arrastrado aquí sin preguntar, deshaciéndose de mis amigas.

—Sí, tienes razón. Matarlas y esconder los cuerpos fue difícil… ¿Tanto te cuesta asumir que te llevaré al cielo pero estás muerta de miedo? —Su mirada penetrante enfadó aún más a Martina.

—Déjate de cielo y bromas estúpidas. ¡Eres tú quien no puede asumir una negativa! ¿Tan fácil te lo han puesto siempre? Porque créeme, me cuesta creerlo.

—Mira, Martina, esto es muy fácil, no lo compliques más, anda.

Diego le guiñó un ojo, y una media sonrisa se dibujó en su cara mientras se acercaba peligrosamente a los labios de ella, cada vez más enervada por su actitud prepotente. Martina dio un paso atrás y le frenó, colocando sus temblorosas y delicadas manos en su pecho; de nada sirvió, Diego la atrajo hacia su cuerpo y la besó sin dar más opciones.

Al principio, fue un beso agresivo. Cuando Martina se rindió ante el escalofrío que recorría su cuerpo, sintió la delicadeza con la que él acariciaba su lengua y le abrazó el cuello; acariciándolo despacio. Diego se separó apenas unos  milímetros, y sin dejar de mirarla susurró: « Sube conmigo a casa, déjame enseñarte otro mundo, no dejes pasar esta oportunidad, nena».

—¡¿Qué?! —La sorpresa y decepción se dibujó en su rostro—. ¿Por qué siempre tienes que fastidiarlo con tanta fanfarronería?

Diego se dio la vuelta y detuvo un taxi, que como caído del cielo paró frente a ellos. De nuevo, las luces de la ciudad avivaban sus pensamientos, aún con el sabor de él en sus labios. Sin pensarlo, habló con el taxista y dieron la vuelta. « Que no sea tarde, por favor, que no sea tarde». Antes de llegar donde se había subido, vio a Diego fumando un cigarrillo mientras paseaba despacio, con la mirada muy lejos de allí. Martina bajó corriendo y se detuvo frente a él.

—Demuéstrame qué tanto sabes hacer, haz que me quede a tu lado… —Diego levantó la mirada, no podía creer que Martina hubiera vuelto.

—¿Quedarte? Dormir… cada uno en su cas…

Le besó sin dejarle terminar la frase. Al separarse, fue Martina quien susurró esta vez: « Shhh…, solo pon en práctica todo lo que sabes y deseas hacerme…» . Diego puso sus manos en la cintura perfectamente contorneada de Martina y la apoyó sobre la pared. Comenzó a ronronear en su cuello, oliendo su aroma y sintiendo cómo entre sus piernas, su sexo se izaba ante la actitud decida que había tenido ella al volver… « Ufff, nena, princesa, o más bien diosa… vas a conseguir matarme de pasión». Diego abrazó el suave cuello de Martina mirándola fijamente, saboreando su respiración… «Vamos; sentirás algo que nunca hubieras imaganidado que podría existir… Convertiré la ciencia ficción en tu realidad».

Se encaminaron agarrados de la mano, hacía un mundo desconocido para Martina, quien ignoraba hacia dónde la llevaría…

Anuncios

10 comentarios en “Después de alfa… beta (II)

  1. Ufff. Al final Martina sucumbe ante la superficialidad de Diego, dejó la coraza de chica segura, decidida y controladora para caer a sus pies. Pero puede ser que Diego se lleve una sorpresa y aparezca la Martina poderosa? En cierta manera, al final es ella la que está volviendo loco a Diego con su decisión de volver.
    Queremos más,,,,,

    Me gusta

      1. Lo único claro es que las mujeres sois muy complejas. De ahí vuestro encanto, y nuestra cruz. Y yo que pensaba que controlabais los sentimientos y todo eso…, jajajajaja…

        Me gusta

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s