A través de la oscuridad.

A través de la oscuridad.

ojo roto

Andaba despacio, no sabía si dormida o despierta, ¿acaso importaba? Aquel pasillo parecía no tener fin y sólo podía observar cómo la oscuridad iba anegando cada recoveco de su cuerpo. Desconocía si podría escapar, ¿debería?

< ¿Dónde estoy?>.

Sintió cómo poco a poco aquellas sensaciones desaparecían sin fuerzas para descubrir su significado.

De nuevo frente a ella solo tenía el oscuro pasillo, pero esta vez, creía verlo menos sombrío; quizá solo eran sus ganas de descubrir qué estaba pasando. Escuchaba un sonido rítmico, lejano, que con el paso de los minutos -puede que segundos- sentía más cercano, incluso junto a ella.

< Parecen ser gotas cayendo; sí, son gotas cayendo, ¿de dónde vienen?>.

Hizo acopio de toda la fuerza que pudo encontrar en sus ansias de respuestas y alzó la mano a su mejilla, sintió humedad en las yemas de sus dedos, una humedad densa, espesa, abrió los ojos cuanto pudo y creyó suspender el tiempo en un fino hilo rojo, incluso granate…

< Dios mío es sangre, ¿qué me pasa? ¿Dónde demonios estoy?>.

Intentó incorporarse y cayó sin fuerza, desplomándose sobre el frío suelo. Despacio, de manera torpe, incluso grotesca, se puso en pie como un animal recién nacido. Se apoyó en la camilla de metal y mellada mirando alrededor. Solo ese pasillo oscuro parecía poder proporcionarle una salida, al menos de ese cubículo siniestro y húmedo. Se dirigió hacia él andando -si se podía llamar así- muy despacio, intentando observar algo que le explicara cómo había llegado ahí, por qué no recordaba nada que lo explicara. < A ver, estaba en casa leyendo, era tarde, una radio lejana era el único sonido…, no, debo remontarme más atrás. Me había despertado pronto para ir a esa clínica bajo el puente donde me realizaron los análisis prescritos por el médico, pasé el día paseando y comí.

Ese pasillo parecía interminable, donde parecía haber llegado al deseado final, un muro le obligó a girar a la izquierda; pero tampoco parecía tener fin. Un pequeño haz de luz parecía reflejarse a unos metros, se ayudó de la pared húmeda y pudo andar algo más deprisa. Unos barrotes sellaban otra esperanza de salida. Era una ventana pequeña y muy alta, nada que pudiera ver desde donde se encontraba, de repente unos ruidos le hicieron darse la vuelta, se giró y antes de poder ver nada sintió cómo alguien la estrechaba fuerte desde atrás sin poder verle la cara.

Otra vez, camilla mellada, humedad y esta vez, un dolor agudo muy intenso en sus brazos. < ¿Cuánto tiempo ha pasado? ¿Qué ha ocurrido? > Sentía ganas de llorar, gritar, moverse, quitar esas ataduras de sus muñecas…, pero nada podía salir cuando abría la boca. De nuevo un sueño profundo la invadió.

Abrió los ojos y las mismas preguntas se repetían en su cabeza, al dolor en sus brazos se había unido una punzada en su abdomen. Pudo alzar la cabeza y vio cómo sus brazos estaban llenos de punciones y una más grande, se reflejaba junto a su ombligo. Apenas tenía ropa que le cubriera, un minúsculo sujetador de tela y unas braguitas bajas dejando al descubierto toda su tripa. < ¿qué me han hecho? ¿Han terminado ya? No seas tonta, si lo hubieran hecho ya no estarías aquí> Unos pasos hicieron que automáticamente cerrara los ojos.

– Parece seguir dormida. ¿Quieres seguir con las pruebas?

– No sé si cuerpo podrá aguantar, ¿has visto lo delgada que está?

– Muy bien, refuerzo las muñecas por si despierta y cuando tengamos los resultados decidimos qué hacer.

< ¿Qué? Mierda, tengo que salir de aquí como sea>. Intentó moverse pero sus muñecas impedían que pudiera bajar de la camilla. < ¿Qué hago, qué hago? Piensa, piensa>. Tras lo que le parecieron unos minutos, de nuevo los pasos.

– Al menos está embarazada y la punción del abdomen será provechosa. Desátala y llevémosla arriba.

< No, ahora no, el pasillo no tiene salida, al menos una rápida, con suerte habrá arriba>. Consiguió que su cuerpo pareciera peso muerto, sintiendo un latigazo muy doloroso en el cuello dejándolo caer. Una luz deslumbrante hizo que se contrajeran sus párpados y esperó que no se hubieran dado cuenta. Oyó cómo abrían una puerta, nadie parecía estar dentro, la sentaron en una silla y antes de que volvieran a atarla se puso en pie y corrió, corrió sobre los pasos que la habían llevado hasta allí, abrió la puerta y se dirigió a un cartel luminoso de salida a su derecha. Empujó la puerta bajo el cartel y la luz la deslumbró. Un coche se cruzó muy rápido y la obligó a abrir los ojos y mirar dónde estaba, hacia dónde debía ir.

< Dios mío…, ¿estoy aquí? ?

Corrió, bajó la calle hacia el puente y justo antes de entrar en la clínica de los análisis, dudó si todo no había empezado allí. Cruzó la calle y entró en la primera tienda que encontró. La mirada del dependiente y las pocas personas que se encontraban allí, hablaban por sí solas.

Eran las 12.00h, aún estaba en el hospital al que la policía la había llevado tras llamar el dependiente y una pregunta se hacía oír por encima del resto… <¿Embarazada?>. Un médico apareció en la sala con una pequeña carpeta en las manos.

– Srta. Mateo, ¿cuánto tiempo ha estado encerrada?

– ¿Tiempo? No lo sé, lo último que recuerdo… -El médico la interrumpió.

– Bueno no importa. Las personas que realizaron todas esas punciones introdujeron una alta combinación de drogas, tanto a usted como a su feto.

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