Química (Final)

Química (Final)

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No podía dormir, tumbada boca arriba mirando el techo de su pequeña habitación, no dejaba de darle vueltas a lo que había pasado unas horas atrás. < ¿Acaso lo que he vivido estos cinco años no era amor? Quizá esto solo es algo físico, pero…, me ha gustado demasiado. Sergio volverá y antes o después tendré que tomar una decisión; ahora es todo tan perfecto que no quiero que pasen estas tres dichosas semanas. Suerte que está muy lejos y acordamos mandarnos solo mensajes>. Un mensaje retumbó en toda la casa y la separó bruscamente de la tranquilidad de sus pensamientos. < Mierda no lo apagué, papá y mamá van a despertarse>.

Ha sido increible, estoy deseando que llegue mañana para poder verte. ¿Duermes? ¿Hablamos?

Antes de que Julia pudiera ponerlo en silencio, el móvil comenzó a sonar y no pudo hacerse de rogar sino quería despertar a todos los vecinos.

-¡Voy a despertar a mis padres! Ya verás mañana.

-Lo siento, necesitaba saber cómo estabas, si te sentías culpable o…, no sé, a lo mejor estás arrepentida.

-¿Arrepentida? He tenido el mejor sexo de mi vida, ¡¿Cómo voy a volver con Sergio sabiendo que puedo disfrutar más de lo que nunca había imaginado contigo?! -Julia no quería parecer tan emocionada, y mucho menos que Álvaro se inflara como un pavo, pero había sido tan increible que no quería callárselo aunque pareciera que nunca había tenido sexo de verdad.

-Ahh…, qué bien…, sexo. Al menos en algo soy mejor que él, pero no sé si es lo que esperaba escuchar.

-¿A qué te refieres? -Julia notó la decepción en el tono de Álvaro y se dio cuenta que igual había sido demasiado sincera. < ¿Habla de sentimientos…? ¿Quería oír todos esos sentimientos no físicos que he sentido? Pues si a estas alturas ya tengo que dejar de ser sincera…>.

-Pensaba que esta noche había sido algo más que sexo, mejor o peor, el sexo se puede tener con cualquiera. Pero si eso es lo que ha pasado, mejor saberlo ya.

-A ver…, no todo es blanco o negro.

-Hummm…, entonces es gris. Mejor.

-No por favor, no te lo tomes así. No lo entiendes. Llevo cinco años con Sergio creyendo que tenía una relación, que no había nada más. Hace un par de semanas hicimos los trámites para solicitar una vivienda de protección oficial, y ahora apareces tú.

-No pasa nada de verdad, es solo una cana al aire. Cuando él vuelva  todo quedará olvidado. En serio, disfrutemos estas tres semanas y ya está. Descansa, mañana nos vemos. -Colgó.

Julia se quedó con el teléfono pegado a su oreja esperando que su voz volviera, que sonara el móvil y dijera que se había cortado. Nada, tras unos minutos en los que no se pudo sentir más tonta, lo silenció y lo dejó sobre la mesilla. < Perfecto, primera discusión. No era el plan de estas semanas, por lo menos no el mío. Yo quiero seguir compartiendo en el asieno de atrás de su coche todo -o mejor dicho más- y ver que podemos descubrir juntos>. Ya era tarde y no tardó mucho en quedarse dormida aunque no tan feliz como hubiera esperado.

Sus padres habían salido a cenar y Julia estaba sentada frente al televisor sin ver nada en concreto, esperando -perfectamente arreglada- a que llegara Álvaro. < No sé para qué tanto ritual si por la noche todos los gatos son pardos. Bueno, al menos estoy disfrutando de prepararme para alguien que sí valora lo que ve>. Un mensaje sonó por fin y Julia salió corriendo en su busca. Después de la conversación de anoche no quería hacerle esperar.

-Hola guapísimo. -Sin darle tiempo a contestar le besó con pasión, buscando su lengua y disfrutando su sabor-. ¿A dónde te apetece que vayamos?

-Ya cenaste ¿no? Si quieres vamos a tomar unas cañas o unas copas. -Su tono seguía siendo como el de la noche anterior. < ¡Vaya! Tendré que trabajarme el perdón, aunque no entienda muy bien por qué>.

-Si quieres pillamos unas cocacolas en el Burguer y nos las llevabamos a nuestro camino del amor entre los árboles… ¿Qué te parece? -Julia intentó sonreirle de manera sexy, pícara y a la vez cercana…, demasiadas cosas juntas; no supo muy bien que entendería detrás de esa mueca extraña que se reflejó en su cara.

-Ok. Sexo con cocacola, no es mal plan. -Julia no supo cómo reaccionar ante eso e intentó ponerse cómoda en el asiento.

Llegaron tras no haber cruzado palabra y Julia salió del coche sin decir nada. Ya sentada detrás, dio un sorbo a su cocacola y esperó que Álvaro hiciera lo mismo. Nada. Tras esperar unos minutos que le parecieron eternos decidió ser ella quien hablara.

-El sexo telefónico puede estar bien…, pero a distancia sí que me parece poco satisfactorio.

-No te creas, yo lo tuve mucho tiempo con Carmen y no estaba nada mal utilizar la imaginación.

-Bueno…, pero ya que estamos a menos de un metro, creo que es mejor disfrutarlo. -En ese momento Julia se dio cuenta que estaba rogando por sexo y un piloto, que ni siquiera sabía que tenía, se encendió automáticamente-. Pero vamos, que si prefieres nos vamos cada uno a su casa y ya está.

Salió de coche decidida a volver delante y antes de poder abrir la puerta se encontró con Álvaro fuera del coche mirándola con una expresión que no supo descifrar. Se acercó a él despacio, sin dejar de pensar que aquello estaba llevando demasiado trabajo, pero sin olvidar cómo se sentía estando con él. Estando frente a él, colocó su cara sobre su pecho y pudo escuchar cómo su corazón parecía querer salir de su pecho; no necesitó nada más y le besó. Fue un beso completamente diferente a todos los que se habían dado desde que se liaron la manta a la cabeza y dejaron la línea del bien y el mal olvidada en algún rincón de su conciencia. Despacio, acariciando sus labios con sus lenguas, Álvaro no intentó tocar sus pechos ni su trasero, simplemente colocó sus manos alrededor de su cara y saboreó todo lo que Julia le ofrecía.

Tras varios minutos sin nada más que el perfecto beso de película entre los árboles, volvieron al coche; esta vez los dos juntos. Sí, volvió a ser un sexo maravilloso pero esta vez sintiendo que había algo más que química…, la física se había unido a la ecuación dando un resultado desconocido para ambos.

 

Julia no recordaba un día desde que se tiró a la piscina con Álvaro, que caminara con los pies en la tierra…, levitar se había convertido en su día a día. Cada tarde y cada noche disfrutaba de cómo le hacía sentir, como sus cuerpos hablaban por ellos mismos y cómo, cuando caían rendidos, miles de palabras salían de sus bocas compartiéndolo todo. No había secretos, solo días por delante con fecha de caducidad cada vez más próxima. Estaban frente a su último fin de semana juntos, y ante la sorpresa de amigos y los padres de Julia, esta, era la última en llegar a casa. No le importaban las discusiones con sus padres, junto a Álvaro tenía fuerzas suficientes para enfrentarse a todo.

Llegaron, como de costumbre, cada uno por su lado. Bebieron, rieron e intentaron disimular lo que expresaban sus cuerpos pero las miradas no podían ocultar. Era tan excitante mantenerlo en secreto, que Julia estaba deseando que llegara la hora de estar a solas para poder disfrutar de Álvaro dentro de ella. De repente, le perdió de vista. Le buscó disimuladamente y pudo verle a través del cristal hablando con, Pablo, uno de los mejores amigos de Sergio. Parecían alterados, y Julia deseó que la excesiva cantidad de alcohol que recorría por las venas de Álvaro, no le hiciera irse de la lengua. Apenas faltaban unos días para que Sergio volviera de su viaje y Julia aún no sabía qué decisión tomaría.

Pasado un tiempo que le pareció eterno, ambos volvieron al bar y Julia intentó descifrar la mirada, los gestos…, cualquier señal que le hiciera ver si la conversación había ido mal o bien. En cuanto pudo, se colocó a su lado en la barra.

– Eh…, ¿qué ha pasado?

– Nada, ¿por qué? -Álvaro se volvió hacia ella y pasando su mano por detrás de su cintura, la besó en la mejilla-. Todo está bien tranquila.

– Ya…, cuéntame otra. ¿Se lo has dicho?

– Tranquila, disfruta de la noche. Vamos coger unos taxis y nos vamos donde siempre. -Se dio la vuelta y volvió con los demás.

< Ya, ¿se cree que soy tonta? Él estará borracho, pero sé lo que he visto y cuando me miente>

Compartieron taxi con dos chicos más del grupo y no cruzaron palabra hasta llegar al bar que tantas cosas había visto en los cinco años que había ido con Sergio y todos los demás. Subieron a la planta de arriba y su rincón de siempre estaba libre.

– Eh Julia, en cuanto llegue Sergio tenemos que ir de Barbacoa. -Julia no pudo evitar encontrarse con la mirada de Pablo clavándose como un puñal.

– ¡Claro! No hay problema.

Todos volvieron a las conversaciones que mantenían unos con otros; Julia sintió la mano de Álvaro en su cintura y sus labios en su cuello ronroneando y suspirando en su oído. Julia intentó quitar su mano y separarse disimuladamente… < ¿Qué haces? Nos van a ver todos>, pero Álvaro no parecía, o más bien no quería, parar… < Todos están borrachos, nadie se da cuenta>, y sin más, comenzó a pasar su lengua por el suave cuello de Julia. < Para, para…, me voy, no estoy cómoda con esta situación y sé que le has dicho algo a Pablo. ¿Por qué no me lo cuentas?>, tras ver que no obtenía respuesta, se puso en pie y les dijo a todos que se iba.

– Ehhh no, ¿por qué? -Al unísono, tres se levantaron ofreciéndose a llevarla.

– Shhhh chicos, tranquilos, si alguien tiene que llevarla soy yo. Le prometí a Sergio que la cuidaría. -Álvaro se puso junto a ella y le indicó la salida con la mano. Antes de poder dar el primer paso, Pablo se puso delante y acercándose a ella le susurró… < Ten cuidado…, va muy borracho y todos sabemos cómo es Álvaro>… < Tranquilo, sé lo que estoy haciendo, os he controlado a todos estas semanas…>, se apartó despacio y bajo las escaleras orgullosa delante de Álvaro.

Salieron del local y a pesar de no parar de preguntarle, Álvaro lo que no paraba de hacer él era de tocarla y besarla sin dejar que apenas terminara cada frase. Julia se sentía débil entre sus brazos, al sentir su lengua con la suya, sus manos en su cuerpo…

– ¿Julia? -Julia se volvió y vio a una de sus amigas de la universidad.

– Hola guapa…, ¿qué tal? -Intentó dismular, pero la mirada penetrante de Mónica la atravesaba.

– ¡Vaya! Así que este es el otro ¿eh? -Automáticamente Álvaro se apartó y su rictus cambió por completo.

– Igual ya es el único…, nos vemos guapa. -Y sin esperar respuesta, Julia se dio la vuelta, cogió la mano de Álvaro y se encaminaron a buscar un taxi.

Por suerte, o más bien gracias al alcohol y los ronroneos de Julia, Álvaro reseteó el inoportuno comentario de Mónica y la arrinconó en el primer portal que encontró.

– Hummm…, no imaginas cómo te deseo, te lo haría aquí mismo. -No esperó respuesta y bajó el top palabra de honor que Julia llevaba aquella noche.

– Eh para, cualquiera puede vernos, estoy casi desnuda ¿qué haces? -Pero ¡cómo la ponía aquella situación. Álvaro no paraba de devorarla, lamerla mientras degustaba todo lo que encontraba frente a él.

Julia escapó como pudo y se dirigió a la calle principal esperando poder ver muchas luces verdes y salir corriendo de lo  que podía ocurrir ahí mismo y no tenía fuerzas para parar.

– Espera…, ¿no ves como me tienes? Venga te lo digo si te quedas, está oscuro, nadie nos verá. -Julia se dio la vuelta dispuesta a escuchar.- Me ha dicho que todos querrían hacérselo contigo, que tengo mucha suerte pero que Sergio no se entere.

Para sorpresa de Álvaro, Julia levantó la mano y un taxi paró junto a ellos. Se volvió antes de subir y le dijo… <Avísame cuando llegues a casa y… no bebas más anda>. Mirando la luces de la ciudad pasar a través de la ventana, Julia no podía creerlo… < Y ahora ¿qué? La verdad que con amigos así… Esto se desmorona>. No sabía qué hacer, su corazón se encontraba en una posición completamente opuesta a la razón, pero sabía que tenía apenas unos días para decir qué hacer y cómo.

 

– ¿Qué plan hay para hoy? -Solo imaginándolo Julia se estremecía. Con todo pendiente de un hilo tras saber Pablo de su “affair”, no sabía quién lo confesaría primero, si él o ella.

– Tengo que ir a pagar la plaza de garaje, ¿me acompañas? -< Hummm, qué suculento…>.

– Después de ir a nuestro rincón entre los árboles ¿no? -Una sonora carcajada sonó al otro lado del auricular-. Perdona, claro que te acompaño, pero Sergio llega en dos días y quiero disfrutar de ti…

– Claro morena…, eso ya lo doy por hecho. -No podía evitarlo, Julia se derretía con esa chulería innata y sabía la expresión que tendría Álvaro en ese momento.

Quedaron donde siempre, Julia llevaba una falda de verano, con esa tela con la que pareces no llevar nada sintiéndote desnuda, una camiseta ajustada de tirantes y un collar que su padre siempre le decía que parecía un rosario… < ¡¿Qué sabrá él lo que se lleva?! ¡Bien bonito que es!>. Mientras miraba sus sandalias nuevas divagando acerca de lo que llevaba puesto, subió la mirada y vio cómo Álvaro estaba parado frente a ella dentro del coche… < ¿Subes morena?>. No pudo evitar sonreír y subió al coche. ¿Qué más podía pedir? Había un sol radiante, vería atardecer entre sus brazos, serían uno y pagarían un recibo… eran un pareja normal. Solo faltaba que fuera real.

La sombra de los árboles mitigaba el calor fuera del coche, mientras dentro el fuego estaba a punto de quemar los asientos de un momento a otro. Julia estaba sentada a horcajadas sobre él, se movía despacio, disfrutando de lo que probablemente sería su última vez juntos, sintiéndose…, disfrutando de ser solo uno. Ambos gemían en susurros, sintiendo sus respiraciones y acariciando sus cuerpos con suavidad. Álvaro intentó alargar todo lo que pudo ese momento perfecto, pero un movimiento rítmico justo donde más le gustaba hizo que se deshiciera en ella no sin una pizca de melancolía, aún estando todavía dentro… ¿Así acabaría todo? Julia se sentó junto a él, permanecieron en silencio más de media hora hasta que Álvaro le dijo que era hora de irse.

Llegaron al portal donde vivía su casera, Álvaro llamó al timbre y una adorable anciana abrió la puerta sonriéndoles.

– ¿Es tu novia? -Una sonrisa de oreja a oreja se dibujo en su cara-. ¡Qué pareja tan perfecta hacéis!

Julia deseó por un momento que aquello fuera real. No podía creer que el fin de esas tres semanas perfectas, las mejores de su vida, tuvieran ya su punto y final. ¿Por qué no podía tenerlo todo? Esa tranquilidad de una relación estable, esa confianza tras años compartidos, esa pasión ardiente del principio y esa pareja que con solo mirarla enciende cada uno de los rincones de tu cuerpo y tu corazón. Sin darse cuenta, ya estaban cerca de la puerta de su casa, seguían sin poder estar justo delante; sus padres no dejaban de preguntar, espiar e intentar descubrir qué pasaba ante el silencio de Julia…, y esta, no hacía sino darse cuenta con todo aquello, que el sueño terminaba y debía despertar.

– Mañana ya no podemos vernos ¿no?

– Es lo mejor Álvaro. No puedo dejar a Sergio, se ha portado muchos años muy bien conmigo y…, no puedo, no soy capaz. Daría cualquier cosa porque mi relación con él fuera como lo es ahora contigo pero…, supongo que es la estabilidad ¿no?

– No, no lo es. Si eso es lo que realmente quieres, cada vez que termine la pasión del principio tendrás que cambiar de chico. -Y chasqueó la lengua como si solo hubiera opinado acerca del buen tiempo que hacía esa noche. La cara de estupor de Julia era un poema.

– ¡Ah muy bien! ¿Ni siquiera vas a intentar convencerme? -< Por favor, por favor… ¡¡Hazlo!!>.

– Si estas tres semanas no lo he conseguido…, no creo que pueda hacerlo ahora. Pensé que eran más importantes los hechos y no las palabras. -Una lágrima parecía correr por su mejilla, pero Julia no quiso intentar cerciorarse. De lo que no tenía duda es de que él, lo estaba pasando realmente mal, con lágrima o sin ella.

– Ok. Nos veremos el fin de semana, ¿no? -Julia buscó su mirada pero no la encontró.

– Supongo.

Julia le dio un beso suave en la mejilla, largo, intenso, mientras su mano le abrazaba el cuello buscando un gesto, o al menos, que le devolviera ese medio abrazo que intentaba darle. Nada. Ni un movimiento. Ni una caricia. Nada.

Salió del coche y vio cómo este se alejaba. Caminó despacio  a casa, sintiendo un vacío cómo nunca antes. ¿Significaba aquello que había tomado la decisión equivocada? Se sentía completamente perdida. Llegó a casa, fingió delante de sus padres que estaba bien, además de muy feliz por la vuelta de Sergio. < Tendría que haber apurado hasta el último momento de mañana>. En el fondo sabía que no se encontraría cómoda haciéndolo, necesitaba su tiempo de luto… aunque dudaba si no necesitaría que durara eternamente. Tras lo que pareció un tiempo interminable, pudo sentarse sobre su cama, sola, pensando, echando de menos a Álvaro, enfrentándose a lo que se encontraría cuando Sergio volviera. No solo perdería el mejor sexo de su vida, sino la compenetración que compartía con Álvaro, la química… la felicidad. Se tumbó e intentó dormir.

Abrió los ojos y el reloj marcaba las 2.00h. Sin pensarlo se incorporó, cogió el móvil y comenzó a marcar…

Un tono, colgó. Cogió aire y volvió a marcar. Colgó. Se volvió a tumbar con el móvil aún en la mano y sintió no estar preparada para hacer esa llamada, al menos no en ese momento.

El despertador sonó y se sentía como tras una noche de juerga donde el alcohol turbaba los recuerdos. < ¿Le llamé? Recuerdo haber marcado…>. El móvil no estaba sobre la mesilla, se incorporó y lo vio en el suelo, lo cogió y miró el registro de llamadas…, allí estaba su numero; en ese momento tras un segundo de lucidez al que se aferró con todas sus fuerzas, recordó lo que pasó. < Será mejor que vaya a trabajar y pida una segunda opinión>.

– Eso solo puedes saberlo tú Julia.

– No deberías haber hecho nada con Álvaro estando aún con Sergio.

– ¿Todo el tiempo que llevas con Sergio no se merece otra oportunidad?

< ¿Para qué preguntaré? ¡¡¿¿Para quééééééééé??!!>. Lloraba en los descansos, en la hora de la comida, cada vez que se quedaba sola y cuando buscaba estar sola. Cada momento que pasaba se sentía más perdida; esa misma noche Sergio aterrizaría y mañana tendrían que verse. Fue justo en ese momento, cuando se dio cuenta que faltaban menos de 24h para verle cara a cara, cuando lo supo. Recordó sus preciosos ojos azules…, pero también su mirada, esa mirada vacía comparada con la de Álvaro. < ¿Así va a ser? ¿Compararé cada cosa que haga?>

Tras un día que pareció interminable y no había servido sino para dejarla aún más confusa, decidió llamar a Violeta. Dudó si llamar a Álvaro, de quien no había sabido nada, pero sí había hecho caso de su petición para el luto… Sabía que no, no era una buena idea. Buscó el número de Violeta en su agenda y llamó. Justo en ese momento, la pantalla se iluminó y  comenzó a sonar el móvil.

– ¡Hola! Ya estoy aquí. Tenía la esperanza de que vinieras a buscarme…, ya sé que hablamos de que sería muy tarde, pero después de pasar nuestro quinto aniversario tan alejados pensé…

– Ya, lo siento, yo también lo pensé pero… -Julia no creyó poder tener esa conversación sin estar preparada, pero… ¿en algún momento lo estaría?

– ¡Vaya esperaba otra reacción! Da gusto escuchar cómo te alegras. -Otra vez Sergio y su sarcasmo con puñal.

– Escucha…, este tiempo me ha dado tiempo para pensar. Sé que esta conversación no se debe tener por teléfono, pero no creo que sea capaz de verte y que vayas con una intención… ehhh… y te encuentres con todo el pastel sin estar preparado…

– Preparado para qué, ¿de qué hablas? ¿Qué ha pasado?

– Creo que no debemos seguir juntos… -Y en ese momento una mezcla explosiva de tristeza y alivio abarrotaron todo su cuerpo provocando una presión en su pecho ahogando la mínima respiración que intentaba liberarse de su cuerpo.

– Perdona ¿qué? ¿Me estás dejando? ¿Hay alguien más, es porque apenas hemos hablado estas semanas? ¡Solo han sido tres semanas y llevamos cinco años juntos!

– Mañana nos vemos y lo hablamos ¿vale?

– No no no no no…, esto lo hablamos ahora y mañana. ¿Qué demonios ha pasado? – Julia pudo oír como Sergio empezaba a llorar y su tono se alteraba siendo difícil entender lo que decía-. Te he com..prado miles deee cosas…y…

– Sergio, no lo hagamos más difícil… – Y Julia también comenzó a llorar.

– También estás llorando, eso significa que en el fondo no quieres hacerlo, no puedo creer que esto haya pasado sin que haya nadie más. Por favor dímelo, ¿qué he hecho mal?, ¿qué puedo hacer? -Julia volvió a aquel momento frente a los video juegos donde se dio cuenta que su relación comenzaba a naufragar.

– No puedo seguir hablando, esto me hace demasiado daño aunque no lo creas, necesito descansar y mañana hablarlo con más tranquilidad. Nos vemos donde siempre a las seis. -Y colgó.

Respiro hondo, intentó coger aire  aunque la presión en su pecho aún no había desaparecido…, y le costó. Le costó mucho. Apenas podía ver a través de todas las lágrimas que emanaban de sus ojos. Se los frotó casi haciéndose daño y llamó a Violeta.

– Hola guapa, ¡qué sorpresa! ¿Todo bien? – No era normal que le llamara a esas horas, Violeta no dudó de que algo iba mal.

– Acabo de dejar a Sergio… -Y de nuevo el torrente de lágrimas.

– ¿Por teléfono? Hombre…, no es la mejor manera de hacerlo, pero si era lo que necesitabas… Porque es lo que realmente quieres ¿no?

– ¿Y por qué estoy así entonces? -Comenzó a sentir miedo, mucho miedo de haber tomado la decisión equivocada, recordó todos los momentos buenos con Sergio haciendo desaparecer los malos-. ¿De verdad no me hacía feliz? ¿Y si para Álvaro solo soy una más de todas las que tiene cada fin de semana? ¿Y si él decide quedarse con sus amigos para los que me convertiré en una guarra cuando se enteren?

– Shhhhhh, tranquila Julia, deja de pensar y preguntarte cosas. Yo creo, que lloras porque termina una etapa de tu vida que ha sido una muy importante…, han sido cinco años, es el miedo quien hace esas preguntas. Has tomado la decisión porque en el fondo no eras feliz, si Álvaro hace lo que dices solo demostrará que no te merece y tú podrás rehacer tu vida sabiendo a qué atenerte.

– Pero…, ¡¡yo no sé estar sola!!

– Cariño…, mejor sola que mal acompañada. ¿Hablarás con él en persona?

– Sí, mañana cuando salga del trabajo.

– Perfecto. Es tarde, ahora descansa y mañana hablamos antes de que le veas ¿vale? Si necesitas algo llámame, pero de verdad, has hecho lo que sentías que debías hacer… fíate de ti misma. -Y colgaron.

6.00 p.m

< No viene,¿dónde está?, ¿es pronto?; sí es pronto. Aún no sé nada de Álvaro, pero yo tampoco le he llamado…>

– Hola. -Julia se volvió y ahí estaban esos ojos azules que le enamoraron hace cinco años… < Que no me convenza, quiero pasar página, quiero pasar página, quiero pasar página>-. ¿Puedo besarte? – Y Julia giró la cara acercando su mejilla a sus labios.

– ¿Entramos a tomar algo?

Se sentaron uno frente a otro; antes de que Julia pudiera hablar, Sergio se adelantó: < Mi padre tiene cáncer>. Perfecto, ¿por qué tomar un decisión de sin coacción?

– ¿Qué? -Julia no lo podía creer, ¿era una estratagema?-. ¿Y qué va a hacer? ¿Qué le han dicho los médicos?

– Han programado la operación para dentro de un par de meses…, serán dos meses muy duros de espera y sin ti…-Ahí estaba el puñal. < No pienso sentirme culpable, si claudico abro la puerta a miles de excusas más>.

– Vaya…, no imaginas cuánto lo siento, pero si puede esperar dos meses estará en una fase muy temprana. Si hay algo que yo pueda hacer…

– Sabes que sí…, pero ya has tomado tu decisión. -Julia intentó mantener la compostura sonriendo de la manera más dulce que pudo sin decir nada.

Fueron veinte minutos eternos, sin saber cómo, pudo manejar la situación manteniendo las distancias y bajaron Gran Vía hacia el autobús para volver a casa. < Por favor no le beses, no le beses>, las palabras de Álvaro, quizá por miedo a despertar lo que él había conseguido enterrar durante tres semanas, retumbaban en la cabeza de Julia. La parada estaba vacía, así que acababa de salir el autobús y tardaría mucho en llegar al siguiente.

– ¿Me darás un beso de despedida? – Y esos ojos azules intentaron secuestrarla para llevarla a tiempos mejores en los que no hacían falta palabras…, solo miradas.

– Eso solo removería todo, sería hacernos más daño.

– ¿Ni siquiera merezco un beso de despedida? -< ¿Acaso no merecía yo algo más en este último año?>.

En ese momento, como caído del cielo, apareció el autobús mientras Julia vio como los labios de Sergio se acercaban peligrosamente a los suyos. Haciendo acopio de todas sus fuerzas, con las puertas del autobús abiertas frente a ella dándole apoyo, giró la cara y Sergio solo pudo saborear su mejilla. < ¡Vaya! Una cobra en toda regla…>.

– Espera por favor no te vayas…

– Quiero coger un buen sitio… -Y sin más… esa fue su despedida. Julia no miró atrás mientras Sergio no perdía de vista el autobús hasta que se alejó lo suficiente para ver cómo su relación tras cinco años había terminado.

Julia miraba por la ventana recordando las veces que había recorrido la Castellana en el coche de Álvaro; era libre, había terminado todo y aún así… esa presión en el pecho no dejaba de presionarle el corazón. < Y ahora ¿qué?>. Su móvil comenzó a vibrar, supuso que sería Sergio y dejó que dejara de sentirlo. No había marcha atrás. Con Álvaro o sin él, sabría salir adelante.

Llegó a casa y se sintió con las fuerzas suficientes para decírselo a sus padres.

-¡¡¿¿Quééééééééé´??!! Pero… ¿Tú sabes lo que haces? Sergio es un chico maravilloso, encontrarás pocos como él.

Su madre no entendía por qué, su padre se mantenía en silencio sin querer influenciarla apoyando su decisión…, y en ese momento Julia lo tuvo claro. < ¿Qué encontraré pocos como él? ¡Qué tengo cincuenta años? ¡Por Dios! Aún no cumplí los veinticinco!>. Tras media hora escuchando sermones y discursos que no la ayudaban nada en absoluto, por fin se encerró en la soledad de su habitación. Se dio cuenta que ya era de noche y llevaba horas sin mirar su móvil.

Tres llamadas perdidas, dos mensajes.

Las llamadas eran de Álvaro, un mensaje de Sergio :No me olvidaré de ti tan fácilmente, llámame si cambias de opinión y te das cuenta que todo esto es un error…, ¿te acuerdas de nuestra primera cita en Moncloa?”; y otro de Álvaro: “Te llamé varias veces, no quiero ser más pesado. Si viendo a Sergio decidiste que era lo que querías no me contestes aún, nos veremos con todos pero… Da igual, te volveré a llamar”.

< ¡Madre mía! >, marcó su número, llamó y esperó que todo saliera bien. ¿Acaso no era capaz de decidir sin las monsergas de sus padres, más bien de su madre, ni el acoso de ellos?

– Hola…

– Me alegro que llames, pensé que no lo harías.

– ¿Qué haces?

– Estoy fumando en el coche. -Julia no entendía por qué, podía hacerlo en su casa…

– ¿Y eso? Puedes hacerlo en la terraza…

– Estoy en tu portal. -El estómago de Julia voló hacia su garganta intentando salir disparado.

– ¿Qué? Son las once, sabes que mis padres me pondrán mil problemas para salir de casa a estas horas y entre semana…

Sin pensarlo, colgó el teléfono y fue corriendo hacia la puerta… <Ahora subo, no tardo>, y sin oír la respuesta de sus padres cerró la puerta tras ella.

Cerró la puerta del portal y le vio apoyado en la columna del portal de en frente. Se paró, cogió aire y mirando a ambos lados cruzó corriendo la calle. Álvaro tiró el cigarrillo al suelo y se fundieron en una largo y profundo abrazo que sus padres vieron desde la ventana.

– Te quiero, te quiero, te quiero… -Álvaro no dejaba de susurrar las dos palabras mágicas mientras se abrazaban.

– Ni siquiera sabes qué ha pasado. -Julia se separó despacio y le miró, sí, a esos ojos llenos de sentimientos, palabras para ella y mucho mucho sentimiento.

– Estás aquí, no importa nada más.

Diez años después…

Tras deshacerse completamente el grupo cuando todo salió a la luz, Álvaro y Julia se dieron cuenta que solo abrieron las puertas a que cada uno hiciera lo que quisiera sin pensar en el qué dirán. Solo tres amigos permanecían junto a ellos. Sergio estaba casado con una mujer, compartiendo casa con ella y sus dos hijos y Álvaro y Julia vivían juntos en un pequeño piso del centro. Enfermedades, fallecimientos y mucho dolor perseguía sus vidas haciendo más fuerte su amor.

Sentados frente al televisor, se miraron y lo supieron…

– Creo que es hora de dar un paso más allá…

– ¿A qué te refieres cariño?

– Quiero demostrar al mundo que te quiero, sufrimos muchísimo para llegar hasta aquí y quiero que todos sepan que no nos equivocábamos cuando decidimos estar juntos. -Las palabras de Álvaro eran realmente sinceras, su mirada no escondía ningún ápice de duda.

– Tengo una idea mejor, iremos al juzgado con las únicas tres personas que se han mantenido a nuestro lado. No tenemos que demostrar nada a nadie más.

Sellaron el acuerdo con un beso… y comenzaron a mirar fechas para celebrar su amor con quien realmente merecía la pena.

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