Sexo como respuesta (Final saga Encuentros)

Sexo como respuesta (Final saga Encuentros)

< ¿Cómo es posible? No puede ser casualidad, seguro que Andrés me tendió un trampa, ¡madre mía! Su hermana, no volverá a cogerme el teléfono, tengo que pensar en algo>

Como era de esperar, Lorena no respondía a sus llamadas. Aquel momento con ambas mirándole como… como le miraron, se repetía cada noche cuando se iba a la cama. Una noche la idea apareció de repente, casi dormido. < Fue ella quien me llevó a la estación, quien quiso mantener sexo antes de saber nuestros nombres, eso es lo que tengo que hacer>. A la mañana siguiente comenzó su plan.

Días más tardes al fin llegó la contestación.

– Deja de mandarme mensajes, no quiero saber nada de ti, ¿crees que lo mereces?

– Merezco lo mismo que aquel día… sexo, ¿es lo que realmente querías no? Quizá no creas poder tener solo sexo conmigo porque te gusto de verdad…

– No digas tonterías, ¡te acostaste con mi hermana!

–  Lo hablaremos en nuestra estación, si no estás conforme, lo zanjamos en ese momento. – Jaime rezaba por conseguir su objetivo con esa táctica tan retorcida.

Subió al tren, nervioso, excitado con tan solo pensar que volvería a verla y más aún, con lo que tenía planeado hacer. Bajó las escaleras despacio, se acercó al lavabo, abrió la puerta y allí estaba, apoyada sobre la pared con gesto de desagrado.

– ¿¡Encima llegas tarde!?

Sin mediar palabra se abalanzó sobre ella y buscó su lengua mientras abrazaba fuerte su cuello mientras la aprisionaba entre la pared y su cuerpo. Lorena se resistía, intentaba separarse, hablar, pero su lengua decía lo contrario. Se entrelazaron con fuerza, apasionadamente, mirándose con fervor. Jaime introdujo su mano bajo el pantalón; buscaba entre su pubis y su suave ropa interior ese precioso clítoris que tanto anhelaba sentir en sus dedos.

– Para, no lo mereces.

– Estás húmeda, me deseas como antes, como la primera vez que estuvimos aquí…

Apenas sin permitir que terminarade hablar, Lorena le miró cabreada. < ¿Quiere quedar por encima? Eso no pasará>.  Le bajó los pantalones y al ver su erección por ella, llamándola a gritos no pudo resistirse y sabía que podría ganar esta pequeña guerra. Sin tiempo a pensar el siguiente paso, Jaime la embistió sin preguntar, apartando sus labios y compartiendo solo la unión de sus sexos. Comenzaron a gemir alto, intensamente, cuando de repente Jaime se separó y se dirigió hacia la puerta, se volvió antes de irse y le dijo… < Ya sabes dónde encontrarme>

– ¿Me dejas a las puertas? – Sin oír contestación alguna Jaime desapareció.

No sabía nada de ella, estaba seguro de que su orgullo le impedía dar el siguiente paso, pero esperaría y sería paciente aunque su gland y su corazón lloraran por ella. Esa misma noche, sentado frente al televisor con solo un boxer puesto sonó el timbre. Abrió la puerta y la encontró mirándole de una manera que no pudo descifrar. Antes de poder articular palabra Lorena ya estaba en medio de la sala esperando a que él cerrara la puerta.

– Hace calor, ¿No vienes muy abrigada? – Sin decir nada, se desabrochó el abrigo dejándolo caer al suelo y Jaime pudo ver su cuerpo completamente desnudo frente a él-. Ya veo, ponte cómoda…

Lorena se sentó en el sofá y comenzó a acariciar sus senos, endurecer sus pezones y buscar su sexo con la otra mano. Jaime se quedó de pie observando cómo introducía sus dedos delante de él, arqueándose y estrechando sus pechos sin dejar de mirarle. < ¿Podré aguantar?>

– Cuando quieras me uno.

– No hace falta, me cerraste las puertas… esas que puedo abrir yo sola. – Introdujo dos dedos en su sexo y comenzó a gemir más alto mientras veía como bajo el boxer de Jaime su sexo respondía a lo que veían sus ojos.

Se acercó a ella despacio, acariciándose bajo su ropa interior dejando entrever su glande mientras la miraba pasando la lengua por sus labios… < Tranquila, te ayudo y podrás disfrutarlo más>… Se sentó junto a ella acariciándose mientras su otra mano se entrelazaba con la de Lorena y un vehemente y agudo clamor salió de sus labios emergiendo toda la humedad posible de su interior. Lorena se puso en pie, se abrochó el abrigo, y en la puerta antes de marcharse se volvió a mirarle… < Ahora sí estoy tranquila>. Cerró la puerta y se fue.

Una semana más tarde encontró en su buzón “Donde siempre en dos horas”. Se repetía la misma historia, iba a desayunar con un amigo como en su primera vez, pero su prioridad era Lorena. Volvió a subir a casa, desayunó, se arregló y se puso en camino.

Abrió la puerta y el lavabo estaba vacío. De repente se abrió una de los pequeños apartados y vio a una despampanante Lorena con escote abrumador y falda ceñida hasta las rodillas.

– ¿Te apetece un aperitivo? – Su mirada insinuante, picante y atrevida provocaba una erección inmediata en Jaime.

– Dejemos el aperitivo… y vayamos a por la comida.

Ambos se fundieron en un beso intenso, lento, pero apasionado. Jaime comenzó a recorrer sus caderas deslizando su falda mientras los pezones erectos de Lorena escapaban de su camiseta buscando su lengua. Se subió sobre él, abrazó sus caderas e introdujo su sexo en ella, sin dilatarse apenas, sintiendo su glande latir dentro de ella. En apenas un par de embestidas Jaime estalló y Lorena le susurró al oído… < No pondré en peligro el sexo contigo, olvidémoslo todo y sigamos disfrutándolo…>

Hicieron el amor durante horas, practicaron sexo y se saciaron en su estación. Quizá el sexo no era la mejor respuesta, pero sí la que necesitaban ellos.

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