Creer.

Creer.

El día despertó demasiado lúgubre e intenso, pero nada comparado con la oscuridad que la invadía por dentro. Sin poder evitarlo su mente comenzó a repasar todos aquellos momentos de su vida en los que el guión ya estaba escrito, ninguna otra opción era posible y la sombra, el papel secundario, eran los únicos elegidos para ella; nunca se preguntó quién lo decidía, quién no creía en ella lo suficiente como para otorgarla el papel protagonista, ni siquiera en su propia vida.

Todas sus parejas siempre la eclipsaban sin que Julia se opusiera lo más mínimo. Escuchaba los problemas de cada una de las personas que formaban parte de su vida, o incluso, que en algún momento entraron en ella para marcharse antes o después. Asumía que cada uno de ellos tenía razones lo suficientemente importantes para lamentarse, sin embargo tampoco se preguntó si ella merecía el mismo derecho.

Un día, en un pasillo de unos grandes almacenes sin ninguna razón aparente explotó. Ni siquiera recordaba que lo desencadenó, pero se plantó en seco y dio media vuelta dejando a la persona que en ese momento creía valer más que ella. Cada uno de sus pasos era más valiente y seguro que el anterior, no tenía duda de a dónde la llevarían, solo que era la decisión correcta.

Pasaron los días y nadie llamó a su puerta, nadie descolgó el teléfono para preocuparse por ella, nadie estuvo a su lado como lo habría hecho ella.

– ¿Julia?

– Sí soy yo. -No fue capaz de reconoer aquella voz al otro lado del teléfono y el número no estaba registrado en la agenda.

– Soy Jaime, hace mucho que no se nada de ti, ¿va todo bien?

Sin poder controlarlo Julia rompió a llorar, esa vorágine de sensaciones que llevaban aguardando en su pecho tanto tiempo explotaron sin control. ¿Cómo era posible que alguien con quien apenas tenía relación hubiera sido el primero y el único en preocuparse, o al menos darse cuenta, de que algo no iba bien? Julia no hubiera imaginado ni en sus mejores sueños a dónde la llevarí la puerta que acaba de abrirse frente a ella, sin ni siquiera llamar.

Fue el principio de una nueva vida en la que se sentía protagonista, querida y valorada. Se dio cuenta, aunque desperdiciara muchas noches e infinitas lágrimas que a todos menos a ella, les habian enseñado a llorar, a lamentarse y exigir lo que creían justo para ellos o incluso mucho más… por si se cruzaban con alguien tan carente de seguridad y autoestima como Julia.

Sí, necesitó a alguien como Jaime que entró en su vida sin llamar, para darse cuenta que el amor verdadero es aquel que se afianzaba y echaba raices con cada problema, demostrándoles que solo así las semillas realmente auténticas crecían.

Se sentó sobre la cama, esta vez no quiso esconderse y desaparecer entre las sábandas, en esta ocasión sin saber por qué, el cielo se tiñó de fucsia intenso para comenzar un nuevo día sin lamentarse ni llorar. Se dio cuenta que ella, no era como los demás, era más fuerte y solo debía aprender a priorizar sin miedo a soltar el ancla de todos aquellos que querían utilzarla como piedra de impulso.

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