Compartiéndole…

Compartiéndole…

– Tengo una sorpresa para ti. – Juan sonaba diferente, ya habían probado cosas que Paula ni hubiera imaginado poder hacer, pero esta vez su tono era diferente.

– ¿De qué se trata? ¿No puedes darme un adelanto…? – Su tono era lo suficientemente sugerente para que supiera a qué se refería.

– Este fin de semana lo sabrás.

– Estaremos todos en la casa rural…no será lo mismo. – Paula no sabía a qué se refería, ¿acaso no era nada sexual?

Llegó el sábado por la mañana y se encontró en el baño preparándose, poniéndose su ropa interior más sexy. Había elegido las transparencias, dejando algo a la imaginación, pero mirándose al espejo igual no sugería tanta imaginación. Sus pezones erectos eran bien visibles, y esto lo provocaba el mero de hecho de imaginarle frente a ella clavando su mirada en sus pechos. Hoy no quería seguir la línea de siempre. Esta noche le disfrutaría durante horas. Quería tener el monopolio de Juan, que se estremeciera con ella y que pudieran compartir todas sus fantasías.

Las horas pasaban y se vio compartiéndole con todos y peor aún, con un montón de chicas que se habían unido al fin de semana fuera de la ciudad, con una en especial, que no dejaba de insinuarse sin vergüenza alguna. No podía más, decidió subir a la terraza e intentar despejarse.

Era precioso, tenía frente a ella una hermosa inmensidad que la hacía sentirse realmente pequeña. En ese momento escuchó como alguien llegaba, y antes de poder darse la vuelta, Juan tapó su boca susurrándola al oído… “por fin tendrás tu sorpresa morena”.

Paula se estremeció, se dio la vuelta y no pudo disimular su sorpresa.

¿Qué hacía ella ahí?

No habían sido imaginaciones suyas, insinuarse se quedaba corto. ¿Quería compartir sus momentos juntos con ella? ¿Había sido capaz siquiera de pensarlo? Aunque realmente lo que rondaba por su cabeza era si sería capaz de poder hacerlo.

Decidió no oponerse, por lo menos sin intentar probarlo. Siendo objetiva, era guapa, alta, delgada, buen cuerpo…si no ahora, ¿cuándo? Respiró y deseó que su decisión mereciera la pena.

Juan cogió la mano de Lucía sin soltar a Paula. Volvió a disfrutar de sus labios, acariciando su cuello sintió las manos de Paula acariciando su abdomen tras él, suave, despacio y dirigiéndose hacia esa zona que tantas veces había soñado con vivir lo que había llegado por fin. Sin dejar de besar a Paula, ambas juntaron sus manos bajo su pantalón, acariciándose y acariciándole despacio.

Paula decidió tomar el mando y allí, con un paraje maravilloso tras ellos desabrochó su cinturón y descendió besándole despacio hasta llegar a besar donde sabía que más le gustaba mientras Lucía comenzaba a probar sus labios.

Paula la cogió entre sus manos y deslizó su lengua sin prisa, saboreando cada milímetro. Pocas veces pudo sentirla tan firme, consistente y… preciosa, sí, era preciosa. Tras no dejar ningún resquicio, sus labios tomaron partido y pudo sentirla en su boca aún más sólida, cuando de repente un dedo delgado y fino se entrelazó con su lengua, Lucía se unió y bajó junto a ella.

Paula abrió los ojos y vio cómo se acercaba lentamente, ambas se fundieron en un beso húmedo y profundo que Juan disfrutó observando de pie frente a ellas y sabiendo que tenía que sacrificarse y contener aquella explosión que sentía cada vez más próxima, para un momento más adecuado.

Decidieron bajar a la habitación y sobre la cama, Paula no podía creer cuánto le había gustado. Se quitó la camisa y apenas sin darse cuenta sintió como Lucía besaba sus pezones mientras Juan jugaba con su pubis y dirigía su lengua donde su humedad inundaba las sábanas. Se tumbó, abrió los ojos y viendo a ambos centrados en hacerla disfrutar…disfrutó. Disfrutó cada segundo, cada roce, cada caricia, cada camino recorrido por ambas lenguas. Lucía sabía muy bien cómo hacerlo y qué decir de Juan. Poco antes de que este llegara a su clítoris, Paula cambió su lengua por el miembro erecto y expectante de Juan. Se introdujo en ella.

Suave, despacio, disfrutando del tacto de sus paredes ávidas de él, vio cómo Paula con Lucía sobre ella, también la saboreaba, lamiendo su sexo húmedo.

Todo era increíble, Paula tenía el sabor que ella hubiera esperado mientras tener a Juan dentro de ella hacía todo más arrebatador. Los gemidos de este se hicieron más intensos y los tres sabían que era el momento de dejar de contenerse.

Se unieron en un orgasmo a tres intenso, espléndido y tremendamente exhausto.

Sabía que no lo repetiría, que no querría volver a compartirle, pero ese momento sería parte de sus fantasías, esas en las que solo estarían ellos dos.

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