Lluvia de recuerdos

Lluvia de recuerdos

Cada gota de agua golpeaba la ventana como si de una batalla se tratara. Entre las sábanas, Paula sentía la calidez de las sábanas y el edredón. Recordaba esas noches de niña en las que la lluvia la hacía sentir miedo y corría junto a su hermano. Siempre habían estado muy unidos y aunque hacía cinco años ya que había muerto, no había conseguido superar su marcha.

Se levantó despacio y miró a través del cristal. Era una noche cerrada, más oscura de lo costumbre, como ella en los últimos días. De repente un portazo la sobresaltó, se dio la vuelta despacio y decidió mirar de donde venía. Andando por el pasillo una corriente de aire frio la puso la piel de gallina, volvió a la habitación a por su bata y de repente vio como una sombra se reflejaba en el espejo. Se dio la vuelta y no vio nada, caminó hacía el salón y no había sido un portazo, la foto con su hermano colocada sobre el recibidor estaba en el suelo. Ni el marco ni el cristal estaban rotos, le pareció extraño e incluso siniestro, ¿la lluvia le recordó a Carlos y su foto favorita caía al suelo? Definitivamente tenía que dejar de ver películas de miedo antes de irse a la cama.

Pasaron los días y Paula había olvidado el incidente con el marco hasta que conoció a Lucas. Su mirada, sus gestos, su forma de tratarla eran tan familiares, era como si se conocieran de toda la vida. Abrió la puerta de casa y algo golpeó la pared, miró al suelo, de nuevo el marco en el suelo. Se agachó a recogerlo y al observar la mirada de Carlos en aquella foto sintió que era Lucas quien la miraba. Sin saber por qué sintió como sus manos comenzaban y temblar y el marcho volvió a caer al suelo, esta vez boca abajo y rompiendo el cristal que lo protegía. Un papel parecía sobresalir entre el enganche y la foto, lo desarmó y allí estaba: “De una forma u otra, siempre estaré a tu lado”.

Carlos siempre había sido muy místico o espiritual -como le gustaba a él denominarse-, pero Paula comenzó a sentir que algo pasaba.

¿Por qué nunca había visto ese mensaje?

¿Realmente su hermano pensaba que podría volver de algún modo si algo le pasaba?

No entendía qué pasaba, pero sintió por primera vez en eses años que él estaba ahí, mandándole algún mensaje que ella debería descifrar. Le parecía una locura, pero no perdía nada por intentarlo y así tendría la mente ocupada.

Días más tarde fue a casa de sus padres a buscar cualquier detalle en la habitación de Carlos que le diera alguna pista, algo que la hiciera entender lo que pasaba. Tras horas allí encerrada, se sentó en la alfombra desconsolada, sintiéndose estúpida buscando quién sabe qué y recordando momentos que solo hacían que la presión que oprimía su pecho aumentara. Debía dejarlo, no debía haber creído en cuentos de hadas. En ese momento mientras se ponía en pie sonó su móvil, era Lucas: “Espero que estés bien, hace días que no sé de ti. Solo quiero que sepas que pase lo que pase y de una forma u otra, siempre estaré a tu lado”. Sus piernas flojearon y estuvo a punto de volver al suelo.

Había visto en la estantería un libro acerca de las almas y la reencarnación, lo cogió y comenzó a leer. ¿Podría ser verdad? ¿Podría Lucas ser Carlos? ¿Podría de alguna manera haber conseguido volver, o acaso había estado ahí siempre? Eran demasiadas preguntas, sería mejor que volviera a casa caminando intentando poner todo en orden.

 

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